Aquél recuerdo doloroso que nunca deberíamos olvidar

Fue en el año 1997. Mes de julio. Hace 19 años y 3 días. 8 días antes hice mi último examen de la carrera, ya era licenciada en Derecho. Militaba en el Partido Popular. Por aquél entonces colaboraba en Nuevas Generaciones desde la calle Génova. Todo pintaba bien. Ortega Lara, secuestrado por ETA, había sido liberado por la Guardia Civil. Yo había finalizado mis estudios. Preocupada solo por el doctorado del año siguiente. Tenía mucho trabajo ese verano y podría ahorrar para irme unos días de vacaciones con mis amigas. Tenía 23 años. Todo un futuro por delante. Ilusión, ganas y proyectos. ¿Qué más podía pedir aquél 10 de julio?
A poco más de 400 km de Madrid, un joven de Ermua. Quizá con las mismas ilusiones que tuve yo. Quizá con proyectos en su vida personal y profesional. Quizá con esperanza en que la libertad llegara por fin a su tierra. Quizá con el pensamiento en su familia. Ese joven, de 29 años, que defendía la libertad y la representaba. Aquel joven, militante de mi partido, del PP, concejal de Ermua. No lo sabía. Le quedaba poco más de 48 horas de vida. Y aquel día, 10 de julio de 1997, Miguel Ángel, subió a un tren, su último tren y estoy segura que en ningún momento imaginó lo que sucedería después. Jamás imaginó su siguiente parada. La suya y la de todos los demócratas.
Y mientras él viajaba en ese tren hacia su cruel y vil destino, otros tantos como yo, disfrutábamos de las mieles de la libertad y la tolerancia sin cuestionarla. ¡Teníamos tanta vida por delante!, ¿quién osaría arrebatárnosla?
A Miguel Ángel y a su familia se la quitaron. Y a todos los españoles nos abrieron una herida que nunca cicatrizará del todo. Fue una herida demasiado profunda y dolorosa.
Intolerancia, intransigencia, violencia, coacción y miedo. Aquel joven desgarró a un país entero. Una nación entera. Y hoy (miércoles, día 13 de julio) se cumplen 19 años de su fallecimiento. Y yo hoy quiero recordarle desde mi Rincón.
Amigos, recuerdo aquellas 48 horas posteriores. Recuerdo cómo los que defendemos la libertad nos unimos solicitando en una sola voz la liberación de Miguel Ángel Blanco. Recuerdo cómo los jóvenes de otros partidos políticos vinieron a mostrarnos su apoyo a la sede del Partido Popular. Recuerdo cómo yo misma tenía una lucha interna importante. Por un lado, quería que el Gobierno (Aznar) aceptara el acercamiento de presos etarras al País Vasco pues así mi compañero de partido sería liberado, y por otro lado, no quería que mi Gobierno aceptara coacción alguna y que se mantuviera firme en su lucha por la libertad.
Recuerdo esos sentimientos encontrados. Esos debates en los despachos de Nuevas Generaciones. Las lágrimas de todos y mi esperanza en que a estos asesinos les quedara un ápice de humanidad. ¡La inocencia de la juventud!
Recuerdo cómo pasaban las horas. Oíamos el “tic tac” de los relojes. 48 horas. Ese maldito “tic tac” que nos decía que la vida de una persona se estaba acabando si el Gobierno no hacía lo que esos asesinos exigían. “Tic tac”. Ahora escucho a los de PODEMOS hablar del “tic tac” y se me ponen los pelos de punta, amigos. Y pasean a Otegui por las instituciones. Y le llaman hombre de paz. Y otros pactan con PODEMOS. ¡¡¡¡Tremendo!!!
Y vuelvo a aquella noche. Larga. Manifestación silenciosa en la sede del Partido Popular. Suplicamos su liberación. Recuerdo la manifestación de todos los demócratas. Todos detrás de una misma pancarta. Todos con el crespón negro. Todos. Y recuerdo cómo tuve que ir a trabajar, sin apenas dormir. Recuerdo recibir la noticia de su hallazgo con dos tiros, pero con vida.
Recuerdo pedir a Dios con todas mis fuerzas que se salvara. Recuerdo el silencio. Recuerdo la noticia. Llanto. Desesperación. Rabia. Impotencia.
Amigos. Un joven murió a manos de unos canallas y cobardes asesinos. Un joven de 29 años con toda su vida por delante recibió dos tiros y lo dejaron maniatado a un árbol sin piedad alguna. Un concejal del PP que su único delito fue defender la libertad, fue vilmente asesinado. Sin humanidad. Sin razón. Sin perdón.
Entonces, entendí la importancia de nuestra libertad. Es cierto que no fue el único caso de asesinato de la banda asesina. Es cierto que sentí cada asesinato, secuestro, atentado. Pero aquél 13 de julio de 1997 comprendí que estos asesinos no defendían valores humanos en sus exigencias. Comprendí que eran mercenarios. Asesinos a sueldo. Gente sin escrúpulos. Gentuza que se movía por el odio y el dinero y eran manejados por otros “pensadores” para conseguir alcanzar su objetivo antidemocrático. Y por eso, amé mucho más la libertad
Y, ¿sabéis?, me sentí mucho más orgullosa de pertenecer a mi partido. Al PP. Y me impliqué muchísimo más. Porque compañeros que defendieron esa palabra, libertad, que para mi era incuestionable y murieron por ello, se lo merecen. Compañeros de partido, demócratas de otros partidos, personas anónimas, familiares, amigos. Se lo merecen. Y desde entonces defiendo la libertad sin fisuras. Ese sentimiento de unidad de la democracia frente al terrorismo, sin importar las siglas políticas, me caló.
Hoy se conmemora el recuerdo de Miguel Ángel en toda España. 19 años después. Y yo he querido contribuir, humildemente, a esa conmemoración con mi artículo semanal. Por Miguel Ángel, por Marimar, por su familia, por sus amigos, por los demócratas, por España y por la libertad. Que ninguno, ninguno de estos nuevos políticos, nos vengan a dar clases de democracia, libertad y respeto porque no las acepto de ninguna manera. De ellos no.
Sé que algunos están seducidos por cantos de sirena, sé que otros no vivieron la amenaza constante de los asesinos, sé que algunos piensan que la libertad jamás peligrará y, desgraciadamente, sé que otros solo se ponen en la dichosa foto. Por eso quiero recordaros quienes lucharon por la libertad y quiénes a día de hoy, siguen haciéndolo. Sé que es doloroso el recuerdo, pero, sin duda, nunca deberíamos olvidar.
Gracias.
Yolanda Estrada



