Prohibido comer plátanos en China
Entre los miles de prohibiciones que a lo largo de la historia han protagonizado los gobiernos más autoritarios, algunas son no sólo absurdas sino ridículas, y no hacen sino poner de relieve los vericuetos en los que se debaten las mentes retorcidas de los censores.
Este comentario viene a cuenta de una información que, entre otros medios, hemos podido recientemente leer en El Confidencial, escrita por Javier Ibáñez. Es así como nos enteramos de que “En China está prohibido comerse un plátano de manera “sugerente” si la acción se lleva a cabo mientras decenas, cientos o miles de usuarios asisten como espectadores”. Imaginamos que se refieren a aplicaciones como Periscope o similares. Pero eso no es todo: “Esta prohibición, que viene acompañada de otra que penaliza el llevar medias o ligueros durante las citadas emisiones, supone el enésimo intento del ejecutivo chino de, según sus palabras, “mantener la rectitud moral” en la época de Internet.”
Es curioso que a lo largo de la historia, desde los radicalismos religiosos cristianos, judíos o musulmanes hasta los oficialmente aconfesionales como las dictaduras chinas o en su día la soviética (cosa no tan extraña si pensamos que en muchos sentidos el comunismo ha sido practicado por sus seguidores como una verdadera religión), se hayan visto obsesionados de forma extrema por la sexualidad.
Otra de las amenazas a la moralidad que pretende imponer el gobierno chino tiene que ver con la creciente popularidad de las series televisivas. El Confidencial nos informa de que, por ejemplo, “Una serie sobre brujas o en la cual aparezcan reencarnaciones, o donde aparezca una relación homosexual (considerada como “vulgar, inmoral e insalubre” por la censura) o una trama que presente un matrimonio con problemas” serán tajantemente prohibidos en cualquier serie de televisión china. E igualmente si se exponen conceptos tan pecaminosos como “las relaciones extramatrimoniales o el consumo de drogas más allá del alcohol o el tabaco”.
¿Alguien piensa que con todos estos ejemplos medievales habíamos alcanzado ya las cimas del absurdo? Pues mira por dónde que no. Porque según se nos cuenta, otras series televisivas donde la parecía reinar la más estricta moralidad como “La perla sagrada’, ‘Palacio’ o la coreana ‘Viajeros de los nueve tiempos’ eran muy populares en China y, de un día para otro, desaparecieron de la televisión, los cines e incluso de Internet”.
¿Y qué escabrosas e inmorales escenas contendrían las citadas series cuya temática común eran los viajes a través del tiempo para caer bajo el lápiz rojo del censor rojo? Ah, amigo, según la Administración Estatal de Radio, Cine y Televisión, la cosa era grave, porque ‘los productores y guionistas trataban los episodios históricos de una manera frívola, creando mitos, monstruos y extrañas líneas argumentales”, incluso, añadía el comunicado, “se permiten promover el feudalismo, la superstición, el fatalismo y la reencarnación’”.
Las prohibiciones “morales” se han ido enriqueciendo últimamente porque las prohibiciones se extienden, siendo así que según el código de vestimenta (¿?) se estipula que “la zona del pecho debe estar completamente cubierta con materiales opacos, no se puede mostrar más de dos terceras partes de la espalda, y los ombligos deben quedar cubiertos”.
Basta ya. Nuestra apuesta predice que, como todas las prohibiciones sin motivo que las justifique, a medida que China vaya progresando más y más en su desarrollo, la libertad se irá imponiendo y barriendo todas estas antediluvianas limitaciones en el vestir. Aunque, de cuando en cuando -como en las series chinas- el pasado medieval regrese a nuestros tiempos incluso en un país (relativamente) desarrollado como el nuestro y nos enteremos de que la Jefatura Superior de Policía Nacional de Castilla y León han publicado una circular en los tableros de anuncios con el fin de destacar que “el polo de nuevo uso no es una prenda de uso ajustado y le podrá ser pedida explicación a quien lo lleve excesivamente ceñido”. Así que, chicos, a lucir músculo sólo en el gimnasio, pues a saber de cuántas pornográficas ideas estáis llenando la mente de la población femenina castellano-leonesa.
Teníamos ciertas sospechas que por fin podemos confirmar: La tontería, como la globalización, no conocen fronteras.
Abelardo Hernández






