Papá, ¿qué hay de lo mío?
Hace pocas fechas el diario El Mundo nos informaba de que en el último barómetro del CIS, a la pregunta “¿Cómo consiguió usted su actual trabajo?”, se deduce que “lograr un empleo a través de un familiar directo (padre, madre, hermanos, abuelos o tíos) es la fórmula más extendida y sigue creciendo.” La encuesta nos permitía saber que “un 17% de los españoles encuestados manifestó haber encontrado trabajo mediante este sistema. En el anterior barómetro con esta pregunta, correspondiente a septiembre de 2014, la cifra era del 14,4%. Es decir, encontrar empleo, y el de calidad aún más, sólo es posible a través del ‘enchufe’ familiar y de las relaciones”.
Lamentablemente, aún hay más. “Por si había dudas de que de poco sirven en España otros valores competitivos como la formación o el nivel académico, el segundo método que más se usa para conseguir un trabajo es a través de los amigos (13,1% frente al 14% en 2014). Además, a través de conocidos lo consiguen el 9,6% (11% hace dos años) y un 1,7% (2,5% en 2014) a través de otros parientes”
El nepotismo (término que proviene de la costumbre del cónsul romano Claudio Cornelio Nepote de enchufar a sus familiares), se define como “la excesiva preferencia que algunos individuos dan a sus parientes, amigos o allegados para los empleos públicos o reconocimientos sin evaluar las capacidades que poseen para el cargo a desempeñar”, no es un fenómeno ni mucho menos nuevo en la historia de la Humanidad. Como casos típicos suelen citarse los de algunos Papas cuyos hijos -modestamente presentados como “sobrinos”- eran promovidos al rango de Cardenales de la Iglesia sin otros méritos que los concedidos por su Papa-papá. Y por supuesto, en España tenemos el conocido caso del rey José Bonaparte (alias “Pepe Botella”) nombrado directamente por Napoleón para ocupar el trono de nuestro país.
Es curioso el tratamiento jurídico que se concede al nepotismo en distintos países. En Estados Unidos, es completamente ilegal nombrar a un familiar para un cargo público, si bien tal consideración no se aplica en la empresa privada, aunque preciso es decir que ni siquiera en ellas está bien visto. En Italia la situación resulta muy parecida a la de España, habiéndose llegado a afirmar que en el sector público algunos empleos son casi hereditarios. Un sonado caso reveló que en la Universidad de Palermo más de la mitad de su población académica tenía al menos un pariente trabajando en la institución.
A nadie extrañará que también Grecia sea un buen ejemplo de nepotismo, hasta el punto de que El diputado conservador Kiriákos Mitsotakis haya publicado una extensa lista donde figuran bastantes familiares de miembros del gobierno recientemente enchufados. Aunque el problema no es sólo actual, el nepotismo en el país heleno es considerado por el Informe Anticorrupción de la Unión Europea como un problema “muy serio o bastante serio”. Pues, sin dudarlo ni un instante, el nepotismo es, antes que nada, pura corrupción.
Pues lo es, muy serio, vaya si lo es. Es más que seguro que una buena parte de la gente joven que emigra por miles desde estos países a otras naciones, no sólo más ricas, sino en las cuales la honradez, la eficiencia y el rendimiento del trabajador se miden por otros criterios, se deba a que los mejores y más retribuidos puestos de sus respetivos lugares de residencia están reservados y monopolizados por la parentela y los amiguetes.
Desde siempre, especialmente los países latinos y mediterráneos, hemos concedido una enorme importancia a los lazos familiares y amistosos, siendo el núcleo familiar no sólo un lugar de cooperación económica y afectiva, sino en casos extremos que se han multiplicado en estos tiempos de crisis, un último refugio frente al desempleo y el abandono de los más desfavorecidos. Pero el progreso científico-técnico demanda una cada vez mayor cantidad de personas muy preparadas que no necesariamente vamos a encontrar en el seno de nuestra familia. Como decía cierto personaje “Tú puedes nombrar incluso alcalde de tu pueblo a tu primo, que es medio tonto. Pero no le conviertas en director de ese gran hospital o de la central nuclear más próxima… porque el desastre sería casi seguro” .
No, claro que no puedo acabar estas líneas sin referirme a los políticos, que en la actualidad ocupan casi los únicos puestos de gran responsabilidad en la sociedad sin que se les exija jamás títulos académicos o profesionales, ni pruebas de selección que les capaciten para sus respectivos desempeños, bastando con mostrar una sumisión perruna a los líderes de sus respectivos partidos. Y, por supuesto, si son el tío Juan, el primo Alberto, la hija María o tu cuñado Matías, ¿para qué complicarse más, si su fidelidad está totalmente asegurada?
Claro, y como siempre, aquellos polvos nos trajeron estos lodos…
Abelardo Hernández






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