Un 2 de Mayo en un país de flojos, cuyos líderes de papel y telediario viven del postureo y son incapaces de encontrar soluciones y de emocionar a nadie

Pues ala, otro 2 de Mayo que se nos va. Y este lo esperaba yo con anhelo para escuchar a los “lideres” del pueblo a ver que nos decían.
Me parecía que este año, una celebración como la del 2 de Mayo, en las circunstancias tan peculiares en las que nos encontramos, sería una ocasión estupenda para recibir mensajes de quienes tienen o pueden tener que dirigir España.
No sé, igual exagero la importancia de esta fecha supongo que por las repercusiones obvias que tuvo en mi historia, y quizá yo le atribuyo una importancia para los valores de nuestra Patria desmesurados.
Lo cierto es que, a lo largo de todo el día, presté atención porque creí que nuestros políticos podrían encontrar algo de ese espíritu que inundó nuestra ciudad aquel día y que nos hizo sentir que éramos un pueblo que sabía lo que quería.
Pero, mi gozo en un pozo. Que ¿por qué? No tienen más que escucharles. ¿Es que no han hablado de lo que se conmemoraba? Sí, sí que lo han hecho. Todos han recordado el espíritu de aquel 2 de Mayo de 1808. Todos han hablado de la valentía y del coraje y todos lo invocan como valores propios, sea quien sea quien abra la boca.
Pero no se olviden que quienes de verdad fueron protagonistas entonces no fueron ni los políticos, ni las instituciones, ni siquiera el ejército. Pocos de ellos estuvieron a la altura del momento. De hecho, si por ellos hubiera sido, igual ahora España no era España
Sin embargo es justo decir que hubo honrosas excepciones.
Fueron excepcionales los soldados y los oficiales del cuartel de Monteleón con los capitanes Daoíz y Velarde al frente.
Fue excepcional el comportamiento de algunos nobles que se resistieron a la corriente francesa que tanto les prometía y que apoyaron la revuelta cuando tenían todo que perder.
Fueron excepcionales los alcaldes de Móstoles Andrés Torrejón y Simón Hernández que, atendiendo las noticias que llegaban de Madrid y alentados por Pérez Villamil, secretario del Almirantazgo y fiscal del Consejo de Guerra, firmaron el famoso Bando de la Independencia animando a España entera a unirse con quienes peleábamos en las calles de Madrid.
Por eso hoy pensé, cuando escuchaba algunos políticos recordar aquel 2 de Mayo e invocar el espíritu que nos movilizó entonces, que quizá empezaran a ser conscientes de lo importante del momento.
Pero no sé, qué quieren que les diga. A mí todo lo que han dicho me ha sonado a hueco. A mí me sigue pareciendo que cada uno va a lo suyo sin tener en cuenta un bien superior, que es sacar a España del atolladero donde se encuentra en este 2016 y que es casi tan serio como el de 1808.
Es verdad que nada nos une más a los españoles que un enemigo común, que entonces estaba claro. Queríamos seguir siendo una nación, un país, queríamos nuestra identidad.
Ese es el problema. Yo creo que es que ahora no sabemos ni lo que queremos. O lo que es peor, lo sabemos y no es muy prometedor.
Me temo que lo queremos todo pero sin esfuerzo, sin mérito, sin coraje, sin entrega.
Me temo que creemos que por el mero hecho de haber nacido tenemos que tener derecho a todo, sin esfuerzo, sin mérito, sin coraje y sin entrega.
Es una pena que con aquel ejemplo de aquellos héroes de entonces, que tanto se han invocado por nuestros políticos en esta conmemoración, nos hayamos convertido en lo que ahora somos: un país de flojos.
Con unos “líderes” políticos más preocupados en luchas cainitas, en mantenerse en su puesto, en llegar a empujones si es preciso que en solucionar un problema grave como es la gobernabilidad de España.
Algunos con una pinta y un lenguaje mesiánico que asusta, ponen de ejemplo movimientos como uno que llaman “15M” para recordar la revolución de aquel 2 de Mayo ¡Pero qué descaro!
Y no digo yo que no tuvieran su punto de toque de atención aquellas acampadas callejeras, pero el caso es que estamos donde estamos sin que ninguno de los protagonistas de ese “15M” sea mucho más que un personaje famoso asiduo a las tertulias, y eso, en el mejor de los casos.
Es lamentable que un pueblo como el que fuimos, luchador y valiente, nos hayamos convertido en un pueblo sin ambición. Con líderes de papel y telediario, incapaces de emocionarnos, de encontrar una solución. Temerosos de decirnos que hay que ponerse las pilas, que España hay que sacarla adelante entre todos, probablemente con sacrificios y recortes sociales.
Temerosos de que, si nos dicen la verdad, no les votaremos y que puede que votemos a otros que prometen el oro y el moro aun a sabiendas de que eso nos llevará a la ruina.
Yo sí que de verdad quiero apelar al espíritu del 2 de Mayo. A aquel que nos hizo grandes. Y quiero que nuestros políticos sean auténticos, que nos digan lo que hay, lo que piensan, que se olviden del postureo cargante al que nos someten a diario. Que sean capaces de tomar decisiones aun a costa de su imagen y sus discursos “comme il faut”
Queremos honrosas y valientes excepciones. Queremos a Daoíz y Velarde.
Manuela Malasaña



