La esperada gestión cultural de la inefable Manuela Carmena en Madrid solo puede calificarse, hasta ahora, de calamidad y adoctrinamiento

La verdad es que me quedé pegada cuando Esperanza Aguirre no fue alcaldesa de Madrid. Yo ya la veía vestida de chulapa en los Plenos municipales y bailando el chotis con Carmona en la pradera de San Isidro.
Pero bueno, una vez recuperada de la sorpresa pensé que igual mi tocaya Manuela traería a la Villa un aire rozagante y actual. Algo diferente, distinto después de 27 años de gobierno municipal de la derecha y de 30 años de la muerte de don Enrique Tierno.
Al fin y al cabo, me dije, Manuela es un nombre bien castizo. Una buena señal para mi Madrid.
Pero van pasando los días y los meses y mi esperanza se va volviendo extrañeza, mi extrañeza desencanto y mi desencanto estupor.
Me da a mí que esta Manuela no es la Manuela que la gente esperaba y que andan muchos madrileños despistados, otros frustrados y los más hartos.
Es verdad que, afortunadamente, las garantías económicas legislativas no han permitido a su gobierno hacer muchos jeribeques, por eso creo yo que se han volcado en demostrarnos lo que son en un ámbito que está menos sujeto a leyes, normas y reglamentos: la cultura
Y no han escatimado esfuerzos, ni tampoco dinero para revelar sin asomo de pudor su adoctrinamiento en la materia y que, culturalmente hablando, no quede ni sombra de tradición de lo que fuimos.
Dejando al margen otras agudezas creativas como poner a las madres de los alumnos a limpiar los colegios, hacer a los universitarios recoger colillas, repartir ceniceros a los deportistas, hacer una web para desmentir las noticias que la dejan mal o ser la reina del nepotismo que tanto critica, sus actuaciones “culturales” han sido gloriosas.
Empecemos:
Lo primero fue tener que cambiar, nada más formar gobierno, a su flamante concejal de Cultura, Guillermo Zapata, por sus reveladores tuits sobre los judíos, víctimas de ETA o las niñas de Alcácer. Un buen comienzo.
Para solucionarlo nombro a Celia Mayer conocida por su activismo okupa en el Patio Maravillas. Y con este nombramiento comenzó el delirio.
La primera acción relevante de la flamante concejal de Cultura de la capital de España fue sustituir la Navidad de toda la vida por algo llamado “la feria de las culturas”, un engendro delirante, con un coste y un procedimiento administrativo digno de capítulo aparte, cuyo mayor logro y por lo que será recordada, fue el de vestir a los Reyes Magos como si hubieran salido de un capítulo de Pepa Pig.
Después vino el rosario de desatinos con la aplicación apremiante, disparatada e irreflexiva del Plan de Memoria Histórica, pretendiendo eliminar del callejero madrileño a tirios pero también a troyanos.
La concejal Mayer quiso, por ejemplo, cargase de un plumazo calles como Concha Espina, Santiago Bernabéu, Manolete o Juan Pujol, con absoluto desconocimiento de la Historia o ¿quizá no?
Lo cierto es que tuvo que rectificar y la Cátedra Complutense de Memoria Histórica del siglo XX renunció a asesorar al Ayuntamiento sin explicar la resolución de esta colaboración que, por cierto, se realizó a dedo por contrato menor, de esos de “por los pelos”, por importe de 17.999 euros. Un euro más y hubiera tenido que sacarlo a concurso público.
Para seguir aplicando su particular visión de la Historia, Manuela “se pasó por el forro” la Ley de Patrimonio Histórico y en su fervor justiciero arrancó de cuajo la placa de los ocho carmelitas fusilados, una placa que conmemora en el cementerio de Carabanchel a ocho jóvenes de entre 18 y 23 años que fueron detenidos, denigrados y finalmente asesinados.
También derribó el monolito al alférez provisional que está junto al Casón del Buen Retiro y que forma parte de un conjunto declarado Bien de Interés Cultural. Patrimonio Histórico abrió una investigación y el ayuntamiento no ha tenido más remedio que reponer todo en su sitio.
Y digo yo que eso, además de la ignorancia y del ridículo tendrá algún coste, y no sólo económico, porque el que roba, además de devolver lo robado, tiene que pagar por su delito. Y hasta donde se me alcanza este es un delito contra el patrimonio de los madrileños, que somos todos doña Manuela.
Claro, que me da a mí que la idea de proteger el patrimonio de la Sra. Carmena es regalar edificios a colectivos sociales, vamos a los okupas de toda la vida.
Pero sus políticas culturales llegan también a los niños. Ya se sabe, el adoctrinamiento cuanto más joven mejor, y con motivo de los Carnavales contrataron títeres. Por fin algo tradicional, pensé.
Ya me dejó un poco mosca el slogan de la compañía titiritera: “Señora, no se asuste, que no somos comunistas. No somos filofascistas ni banqueros, somos titiriteros”. Pero eso no era nada, el espectáculo daba mucho más de lo que prometía, monjas violadas, jueces asesinados y pancartas proetarras, además de otras lindezas amenizaron la tarde de los retoños. Todo muy didáctico.
Y esto pagado, de nuevo, con el dinero de los madrileños. ¡Ay que sofocón Manuela! ¡Menudo lío se armó! Ya el pedir perdón se quedaba escaso.
Y es que esa es otra característica de mi tocaya, se mete en un embrollo, pide perdón y aquí paz y después gloria. Sí sí, fíjense lo hace todo el rato y sin empacho.
Así que, como la situación ya pasaba de castaño oscuro, cesó a un buen hombre que pasaba por allí y le quitó unas cuantas competencias a su concejal de Cultura, vamos le quitó todas, pero no la cesó, no pudo, porque es que además Manuela no manda en sus concejales, ella lo intenta pero con poco éxito.
Pues eso, que Manuela dejó a Celia de muestra y nombró a tres personas para hacer su trabajo, dependiendo de ella, de la alcaldesa directamente. Todo un ejemplo de lo eficiente y eficaz que es la nueva política.
Uno de los últimos enredos culturales en los que también se ha visto envuelta ha sido la contratación por un millón de euros, más la cesión de IFEMA, para la celebración de la entrega de los premios del cine indio, más conocidos como Bollywood.
La cosa fue así, apuntaron en su presupuesto el millón como subvención directa a la Academia de Cine indio, pero resulta que no es la Academia la que lo organiza sino una empresa privada, que vende, como una franquicia, la concesión de estos premios por todo el mundo (creo que celebra unas 12 ceremonias anuales). Como es lógico los premios de la Academia india se dan en la India. Veremos a ver lo que pasa ahora.
Y para rematar esta excelente gestión cultural de mi pobre Madrid, el ayuntamiento ha decidido NO formar parte de la Comisión Nacional creada para el IV Centenario de la muerte de Cervantes. Dice que para eso ya está Alcalá de Henares ¡Toma ya! La Feria de las Culturas sí y el Año Chino y Bollywood también, pero Cervantes que lo celebre Rita (la cantadora, no Maestre). Manuela está a lo importante
¡No quiero ni pensar qué harán con el 2 de Mayo! Uf, mejor voy a callarme que igual me quitan mi calle.
Manuela Malasaña






