Una semana más…

Hemos padecido, nuevamente, una semana que nos ha movido desde Granada a Madrid, pasando ¡quién nos lo iba a decir! por Panamá, digo Las Palmas de Gran Canarias…, y todo, como casi siempre por el vil metal. No podía faltar, el hombre es el único animal que tropieza siempre…, las veces que sean necesarias en piedra similar, el retorno a galeras del ídolo de los ochenta y hoy, nuevamente, en una celda que ya había olvidado.
Nunca hubiésemos podido imaginar que cada mañana es el anuncio de “ malas nuevas “ que simplemente ocultan las del día anterior, moviéndonos en una espiral que parece no tener fin. Como siempre los causantes de las mismas son los miembros de nuestra clase política a los que, también, se han añadido distintos miembros reconocidos y reconocibles de la llamada sociedad civil, la que dice representar al hombre de la calle, y que también se lo llevaban.
Sin duda estamos creando una sociedad sin valores o con ausencia de los mismos en los que el éxito es sinónimo de riqueza y posicionamiento social y los medios para alcanzarlo son, en tantas de las ocasiones, un obligado riesgo que puede acabar con nuestros huesos en la trena…, si nos pillan.
Está claro que el riesgo solo está en: “si nos pillan“ y por lo que leemos, oímos y vemos algunos caen y, otros, incomprensiblemente, siguen su vida como si tal cosa ante el estupor general, lo que posibilita que nuevos integrantes de la ciudadanía se arriesguen a dar el salto y busquen fama y dinero a costa de jugársela, por si a mí me va bien.
La realidad es que vivimos, diariamente, una versión de la rueda de la fortuna que al despojarse de valores anima a tantos ciudadanos a dar el salto y probar un nuevo estilo de vida sin estrecheces y con mucha holgura que acaba llevándolos de bruces al fracaso y por ende los derrotados somos todos, como miembros de esta sociedad que visualiza el binomio éxito – dinero como fin en sí mismo.
Nos vale de ejemplo nuestra ciudad, Pozuelo de Alarcón, cualquiera que lea los datos macroeconómicos de la misma estará imaginándose que estamos en el mismísimo paraíso, en la ciudad feliz: cada vecino una casa -con piscina -, cada casa dos coches, el paro se desconoce, las neveras rebosantes, los colegios llenos de ilusión y futuro y los ilustres miembros de nuestro Exmo. Ayto saludando a los vítores que en cada momento surgen de las gargantas de los vecinos agradecidos.
Al despertar del sueño veo en la puerta de todos y cada uno de los centros comerciales, que en Pozuelo hay, personas que tienden la mano a la esperanza del vecino, caritativo, que les ayude, barrios que solo son visibles en tiempo electoral, jóvenes que buscan una oportunidad de abrirse en la vida…, mientras toda la preocupación de nuestra Corporación Municipal es cuál será el próximo cambio en la misma. Eso sí que son prioridades, a fin de cuentas, los vecinos siempre pueden esperar.
A. Nogueiro






