No hay mejor manera de analizar la actual situación política del Gobierno de Pozuelo que haciendo running escuchando música de ópera

¡20 grados!
Qué sábado más caluroso y primaveral vivimos este fin de semana. Y como hacía tan bueno, ahora que me he apuntado a la moda del running, decidí salir con mis auriculares y con lo mejor de los Tres Tenores, como único sonido, a mi recién estrenado esfuerzo, y me dirigí a mi parque preferido. ¡ Qué buena temperatura hacía!
Toda maqueada con unas deportivas de rebajas que acabo de estrenar (me las compré en una zapatería muy popular de la Estación) cuando sonaron los primeros acordes de la famosa canción napolitana ‘Oh Sole mío’, pensé en cuánta razón tenía la letra de la canción: “Después de la tempestad, viene la calma”.
O, al menos, eso me pareció porque mi mente me jugó una mala pasada y volví al tema político-municipal. Los concejales, después de las “conocidas formas” de la Alcaldesa Accidental, volvían a la calma. Pero con cuidado. Con pies de plomo.
Ciudadanos dice que Susana ha hecho una buena crisis de gobierno. Eso no les gusta nada a la mayoría y le gusta mucho a uno… o a dos. En mis pensamientos, el eterno buenismo de Andrés Calvo Sotelo que, con tan insigne apellido, parece que no se siente tocado.
Para él hace un día estupendo, siempre hace un día estupendo, y él sigue ahí. Cobrando. Sin tocarle ni un euro. Con menos responsabilidad. Fantástico. Más tiempo para ir al cine. Los comerciantes no piensan como él. Pero hoy es sábado y suena la próxima canción…también napolitana.
Funiculí, funiculà… Grandiosos, los tres. Los pelos de punta. Ya empiezo a sentir que mi pulso se acelera. Debe ser la edad. ¡Pero qué buen día hace! Y noto que me cuesta subir la Avenida de Bellas Artes. Pero no paro. La música me anima a seguir y al fondo veo el Parque que me encanta. El prohibido. El más comentado. Para mí, uno de los más bonitos. El Parque de las Cárcavas.
Y al escuchar lo que Pavarotti, Plácido Domingo y Carreras entonaban, “Vamos a la cima”, y pensar en los juegos sibilinos y barriobajeros que ha dado este parque, una vez más, mi mente me volvió a jugar otra mala pasada. Pablo Rivas. Otra vez. Vencedor. A ver cuánto tarda en pasar de vencedor a vencido. Pero me lo imagino animándose él solito y mirándose al espejo declarándose, asimismo, amor eterno a su inteligencia “política”.
Mi prima Paqui lo define como el “Maquiavelo” de Pozuelo, pero yo hoy, que hace un día espléndido, voy a darle los 100 días de margen y confianza que todo político se merece para ver si ha cambiado. Intuyo que no, y vislumbro que volveré a hablar de él. Pero ha demostrado ser mil veces más inteligente que la Alcaldesa Accidental. Aunque para ello no hay que esforzarse mucho.
¿Volverá a ser Pablo Rivas el malo de la política municipal? Pronto lo veremos.
Y como si de los tres tenores se trataran. Mi cabeza me llevó al tercero en discordia. Eduardo Oria. Libiamo ne lieti calici. La Traviata. Ese brindis al amor. Esa manera de compartir la alegría. Mientras entraba en el Parque pensé que se podrían malinterpretar mis palabras. Y no. Este aria me recordó a Oria únicamente por la alegría que debe tener al sentirse agraciado por Susana Pérez Quislant. Su inmensa alegría. Debe estar feliz como una perdiz porque ella le trajo a Pozuelo. Ahora ella es la Alcaldesa. Ella le dio una perita en dulce, Medio Ambiente, y ella le nombró portavoz adjunto. Y ella ahora le ha ascendido al órgano más importante del poder municipal. Ella solo confía en él. Alegría. Alegría.
De repente, “Sira, ¿qué haces por aquí?”
Por supuesto, me llevé un susto tremendo. Ya empezaban a sonar los acordes de Sous le ciel de Paris… Manolo con su “rara” indumentaria de running casi me paraliza el corazón.
Dos minutos de charla y dos de risas al comentarle mis pensamientos con mi música. A Manolo no le gusta hablar de París. Ni de viajes a París (Eurodisney), Buenos Aires I, Buenos Aires II, Xicheng, Poznan, Issy-les-Moulineaux, Recanati… No quiere que hablemos porque luego todo se sabe.
Nos reímos recordando a quiénes les hubiera ido bien eso de las copas y el brindis y nuestras mentes perversas nos llevaron a la planta baja de la Casa Consistorial. En el claustro de Segovia. Donde el defenestrado súper-arquitecto de Martín Crespo campaba a sus anchas, inquilino de un flamante despacho que el funcionario urbanista tuvo que abandonar para que otro lo ocupara.
Manolo me recordó cómo algunos compañeros pidieron que el que sucediera a ese primero o segundo no llegara “apestando” los viernes. Y así fue. Es lo único bueno que trajo la imposición madrileña del PP, la sonrisa del Ayuntamiento. Demos gracias por ello y brindemos. Pero con cuidado, vaya que los municipales se mosqueen y piensen que estamos comentando algo de su superior político. En fin. Que entre risas y recuerdos, seguimos cada uno por su lado.
Manolo me pidió una cosa. Tengo ganas de llegar a casa. Y buscarla. Seguro que lo tengo. Nessun Dorma de Giacomo Puccini e interpretado por Pavarotti.
Y a casa llegué sudando. Antes de meterme en la ducha busqué… Ahí estaba, en la caja de cartón, detrás de la bici estática. En el garaje. Y lo puse en el viejo tocadiscos… ¡Funciona!
Y entonces comprendí. Qué bonitos son los mensajes bajo los acordes de la música.
Sira Q.






