Nuestros mejores estudiantes de Pozuelo: por sus obras les conoceréis

Hoy me voy a dar el lujo de meterme de patas en el ámbito local, cosa poco frecuente en mi sección. Y hay dos motivos para ello. El primero, que el pasado jueves el Ayuntamiento de Pozuelo celebraba un Acto de Reconocimiento a la Excelencia y al Mérito Académico que tenía como protagonistas a un montón de chicos y chicas que se ha distinguido por su excelente desempeño en las aulas de los colegios ubicados en nuestra localidad.
Este acto me ha sugerido un montón de ideas concatenadas. Sí, porque en nuestro país llevamos años y años dando vueltas y vueltas al tema de la educación, mareando una y otra vez la perdiz de un sistema que no acaba así de encontrar su necesaria estabilidad, y volviendo locos a padres, alumnos y docentes con cambios de planes, de libros y de ideologías.
Una parte de la ciudadanía, más próxima a planteamientos de izquierdas, reclama justamente recursos y derechos para las minorías más desfavorecidas. Personas en situación económica precaria, familias con uno o varios, incluso todos sus miembros en paro, jóvenes sin trabajo, inmigrantes, ancianos, discapacitados físicos o mentales, minorías étnicas o sin hogar. Y bien está, porque realmente se cae el alma a los pies cuando los medios de comunicación -a veces explotando en demasía el morbo y la demagogia- nos obsequian con atroces espectáculos que muestran como la parte más inhumana del capitalismo a menudo se olvida de estos sectores mucho más golpeados por la crisis que el resto de la población.
Un hecho que obviamente también se refleja en la enseñanza. Y ahí sí que deberíamos ser estrictos, no ya sólo por mera humanidad, sino porque la necesaria igualdad de oportunidades para todos es especialmente necesaria en la formación de nuestros niños y jóvenes. Quien sabe cuántas de esas criaturas serán el día de mañana pilares y motores necesarios y hasta imprescindibles en nuestra sociedad y, especialmente para los sectores anteriormente enunciados. Y ahí es donde sería necesario abundar en un planteamiento (últimamente muy descuidado), más cercano a las derechas, que es el de premiar virtudes como el esfuerzo, la constancia, el trabajo bien hecho, la responsabilidad y otras que, lamentablemente escasean a todos los niveles en nuestra sociedad. Y al tiempo, eliminar esa condenada envidia hacia los mejores que siempre ha estigmatizado a nuestra ciudadanía. Porque no siempre esos privilegiados van usar sus posiciones encumbradas para oprimir a la sociedad.
Por fortuna, y aunque a alguno le duela reconocerlo, hay por el mundo individuos que devuelven a la Humanidad una gran parte de sus inmensas fortunas. Bill Gates, Paul Allen, Mark Zuckerberg, George Soros, Warren Buffett, Michael Bloomberg y otros mucho más desconocidos donan cientos de millones de dólares, en una progresión que, por ejemplo, de 2010 a 2011, pasó de 3.300 a 10.400 millones. Incluso se ha dado el caso de la fundación creada por Gates y Buffett, llamada The Giving Pledge, que ha logrado reunir a 80 millonarios –algunos tan conocidos como George Lucas o David Rockefeller, que se han comprometido a donar la mitad de su fortuna. Y ya que de educación hablamos, habría que citar al millonario chino Li-Ka shing, quien, habiéndose quedado huérfano a la edad de 15 años y cargar con el mantenimiento de su familia, entrega la mayor parte de sus donaciones a proyectos educativos, dado que él no tuvo la posibilidad de realizar estudios. Si esto no es excelencia, no sé qué otra cosa pueda ser.
He comenzado diciendo que tenía dos motivos hoy para hablar de esos Premios a la Excelencia de Pozuelo. Expuesto ya el primero, quiero hace una mención especial para el segundo: Mi nieta mayor, Miriam, del Colegio Alarcón, que ha obtenido una de dichas distinciones. Y que además, por supuesto, es la niña más buena e inteligente y bonita no ya de Pozuelo, sino del mundo mundial. Y si alguien lo pone en duda, tendrá que verse las caras con su abuelo. He dicho.
Abelardo Hernández






