Un pozuelero se queja del decreto del Estado de Alarma: Se debe a la más clara erótica del poder, al placer de mandar por mandar, tales como la autorización para ir al peluquero

Estoy sufriendo las pésimas consecuencias derivadas del decreto que impone el Estado de Alarma dictado por la coalición social-bolchevique que nos mal gobierna.
Según leo en la prensa, ese mal gobierno, además de condenarnos a algo parecido a un arresto domiciliario, nos impone la obligación de que, en caso necesario, salgamos de casa de uno en uno, nada de ir el matrimonio junto, o el padre con el hijo.
Y sólo podemos salir para ir a los lugares que a los social-bolcheviques se les ha ocurrido y que se citan detalladamente.
Por lo no visto. no se puede ir a una iglesia o al templo de otra religión a rezar.
Como tenía mis dudas ante un silencio tan sectario, el día 14 a las 17.50 llamo a la sede de la policía municipal de Pozuelo y pregunto que si puedo ir a la iglesia a rezar. Me dicen que no, que la iglesia está cerrada.
Les respondo que no, que está abierta, aunque la jerarquía eclesiástica haya recomendado no decir misa para evitar la aglomeración de gente. Me vuelvan a decir que no puedo ir, que si me ve algún poli podrá sancionarme.
Mi intención era ir a una tienda de comestibles que queda cerca de la iglesia parroquial de Pozuelo Pueblo y después acercarme a la iglesia. Decido ir únicamente a la tienda. Como, además de la cabeza, ando algo mal de un pie cojo un bastón y le pido a mi mujer que me acompañe.
Salimos de casa juntos.
En la plaza del padre Vallet, el coche V-38 de la policía municipal se para a nuestro lado.
Con una cierta prepotencia el poli que conduce nos dice que no podemos ir en pareja, sino de uno en uno.
Resultado: Mientras nos ven ella va delante y yo detrás. Y después vamos a la iglesia.
Cualquiera que lea el decreto susodicho verá que en él hay medidas acertadas y otras dudosas. Pero otras no tienen sentido. Se deben a la más clara erótica del poder, al placer de mandar por mandar, tales como la autorización para ir al peluquero o a la tintorería.
Y no queremos entrar en lo de si los nietos que no pueden ir al colegio podrán contagiar la peste actual, en lenguaje políticamente correcto coronavirus, a los abuelos.
En la iglesia le he dicho a Dios:
–Señor, Señor, ¿tan perversos somos?, ¿realmente merecemos un tan mal gobierno como el que nos has dado?
El Cabo Possuelo






