Desde el Caribe a la Calle Benigno Granizo, 365 días después, nadie sabe dónde estaba nuestra alcaldesa Quislant el día de autos ni qué pasó realmente en la explosión de aquel restaurante chino de comida “telefónica”

En la Estación de Pozuelo, ya nadie olvidará la madrugada del 12 de agosto del 2018. La deflagración que puso en vilo al barrio y fue capaz de tener la calle cerrada al tráfico más de cuatro meses, para locura de vecinos y negocios, celebrará su primer aniversario y ahí sigue el edificio explosionado sin acabar de darle solución.
Resulta curioso que el impacto surgiera en un local, dizque restaurante de comida “telefónica” en el que nunca nadie vio actividad y que el aspecto exterior provocaba, cuanto menos, inquietud.
Muchos, tras el accidente sin víctimas físicas, pero sí económicas y psicológicas se preguntaban si los permisos concedidos y los controles de seguimiento no habrían sido en exceso laxos, posibilitando la situación final, por otra parte, ajena a los mismos, pero bueno, en lo referido a la investigación, todo estaba ok…salvo la explosión que nos sorprendió a todos.
Quiso el destino que dadas las fechas y el puente que se avecinaba, el Ayuntamiento estuviese en paños menores a nivel de gestión y que nuestra alcaldesa, en minoría en la actualidad, previo al año que llegaba, electoralmente hablando, necesitase, como cualquier hijo de vecino, un merecido reposo familiar, allende los mares, donde el agua se torna más a cálida que a fresca y la arena blanca refleja el tono del invierno peninsular.
Uno, que no es mal pensado, le resultaría inimaginable que, si una explosión aconteciese en la Finca, dado el cartel de sus vecinos y la trascendencia periodística de la misma – notoriedad y oportunidad al mismo tiempo – incluso con el vuelo en línea de despegue, freno de mano al canto y retorno a la villa pozueleña que la ocasión lo merece y de la necesidad virtud para hacerse presente ante tamaño público.
Pero qué quieren que les diga, personas somos todos, pero como el “iguales” ante la ley: unos más iguales que otros y, si no tiren de hemeroteca y sentencias.
El caso es que, arriesgando la mayoría absoluta ¿pudo ser una razón suficiente para no alcanzarla? Dejó el tema en manos de sus validos que el Caribe bien vale esos riesgos y se preparó para la siguiente, apenas unas fechas más tarde con el incendio de una vivienda colindante con la citada calle, aunque ¡ay! no fue suficiente para recuperar votos y querencia popular.
Sería un buen síntoma de decencia política poder ver esos billetes y la oportunidad de mostrar a los afectados y al resto de ciudadanos que, tras las promesas de trabajar para el ciudadano, como siempre declaman todos los políticos, ya sabemos que no es fácil trabajar en otros menesteres y con esos sueldos menos, no hubo posibilidad de bajarse del avión, porque el mismo ya había despegado.
No lo hará, posiblemente esté en su derecho, pero al no hacerlo, ni exigírselo la oposición, seguiremos pensando, como ya estamos comprobando, más allá de los golpes de inversión hacia el barrio – tras más de treinta años de mayorías absolutas – que poco importa el color de las siglas cuando el político es el mismo.
Líbrennos los avatares del día a día que tengamos que revivir situación tal, máxime cuando el agua cristalina, de nuestros hermanos caribeños, susurra en nuestros oídos.
A. Nogueiro






