La alcaldesa Tejero vuelve a despreciar a la Plaza Mayor en esta Navidad y, en su política de espaldas al centro, la deja sumida en la oscuridad de una iluminación indigna de ella

Estimado Capitán:
Soy una vecina del Centro de Pozuelo y quiero mostrar, a través de El Correo de Pozuelo, mi enfado con la alcaldesa Paloma Tejero por la nueva muestra de desprecio a dicho centro.
No hay derecho.
La alcaldesa ha decidido convertir esta Navidad en un escaparate de propaganda pero humillando al corazón de Pozuelo. No sé qué le hemos hecho o qué le debemos.
Pero mientras presume de la “iluminación navideña” en redes y notas de prensa, la Plaza Mayor -donde se encuentra el propio Ayuntamiento- permanece en una penumbra simbólica y real que retrata mejor que ningún discurso ese abandono institucional que sufre el centro del municipio.
La imagen es difícil de defender incluso para los más fieles o pelotas (que los tiene), ya que, como muestra la foto que le he enviado, una única figura navideña aislada, farolas con guirnaldas discretas y alumbrado escaso con bombillas de chinos que parece improvisado es todo lo que nos ha colocado y gracias.
No estamos hablando de una calle secundaria o un barrio periférico. Estamos hablando del kilómetro cero de Pozuelo, del lugar donde late su historia, de la plaza que debería ser el epicentro de la vida pública, cultural y festiva del municipio.
Lo que nos ha puesto, lo que se ve no es austeridad. Es desinterés.
Porque no es un hecho aislado. La dejadez con la Plaza Mayor forma parte de una estrategia más amplia de vaciamiento simbólico del centro. Se han eliminado o desplazado actos tradicionales que daban vida a este espacio y lo convertían en punto de encuentro real para los vecinos.
Donde antes había actividad, ahora hay vacío. Donde antes había identidad, ahora hay borrado.
Y como guinda a esta política errática, el Ayuntamiento ha lanzado, según cuentan ustedes en su periódico, un concurso para estudiantes de arquitectura con el objetivo de “repensar” la Plaza Mayor.
Traducido al lenguaje real: no saben qué hacer con ella. Y, mientras tanto, la degradan. Convertir un espacio histórico y central en un laboratorio de ideas sin compromiso de ejecución es, además de una falta de respeto, una muestra de improvisación política.
Lo grave no es solo la pobreza decorativa. Lo grave es el mensaje. El mensaje es claro: El centro le molesta a la señora, le estorba, no encaja en el modelo de ciudad modernita que parece tener pero que no tiene y en el que la Plaza Mayor queda como un decorado incómodo que se mantiene por inercia, no por convicción.
Resulta difícil de entender que quien presume de gestión y de cuidado de la ciudad permita que su propio Ayuntamiento esté flanqueado por una puesta en escena tan pobre. Es una contradicción tan evidente que roza el ridículo institucional.
La Navidad no es solo luces. Es comunidad, es encuentro, es espacios vivos. Y si el espacio más simbólico de Pozuelo aparece vacío, mal iluminado y sin alma, lo que está fallando no es el presupuesto, es la voluntad política.
Pozuelo no puede presumir de brillantez mientras su corazón permanece a oscuras.
Juana Pozuelo






