La gran pregunta que hay que hacerse hoy, tras el asesinato de ayer en Pozuelo, es: ¿Se ha convertido esta ciudad, paraíso de ricos, en refugio de delincuentes y gente de mal vivir?

El asesinato a sangre fría de Andriy Portnov, exasesor del expresidente ucraniano Víktor Yanukóvich, en plena vía pública frente a un prestigioso colegio internacional de Pozuelo, ha sacudido esa falsa fachada dorada que le han pintado al Gran Pozuelo de Alarcón al considerarla como el municipio más rico de España.
Y, como no podía ser de otra manera, ha soliviantado a muchos vecinos. Vecinos normales que, aún hoy con el susto en el cuerpo, no salen de su asombro ante el brutal suceso.
Este crimen, ejecutado con precisión casi militar, ha reavivado las alarmas sobre la presunta naturaleza de este enclave tan exclusivo del noroeste de Madrid. Y es que ya no se trata de un hecho aislado. En 2018, otro episodio similar estremeció la misma localidad cuando un colombiano, vinculado a la peligrosa banda “Los Miami”, fue acribillado a tiros a las puertas de otro colegio internacional en lo que claramente fue un ajuste de cuentas.
Ayer, cinco disparos más uno, el que remató en la cabeza a la víctima, volvieron a sonar a muerte y bueno sería que nos hiciésemos algunas preguntas…
¿Se están saldando cuentas en Pozuelo?
¿Este asesinato como el de 2018 es casualidad o premeditación?
¿O hay algo más profundo gestándose entre esos muros de seguridad privada que tienen algunas zonas de Pozuelo?
En los últimos años, Pozuelo de Alarcón ha mutado de símbolo brillante de prosperidad a algo más opaco. Ahora empieza a ser un municipio donde la riqueza extrema convive con el anonimato total y no sé hasta qué punto es bueno.
Las urbanizaciones cerradas o semi-cerradas, opacas totalmente, han proliferado y no hablo solo de La Finca famosa sino de otras en las que no se permite circular por ella en una flagrante ilegalidad. No quieren que nadie mire dentro de ellas. Ni siquiera que nadie pregunte.
Esa ceguera selectiva y consentida por las autoridades municipales (porque no quieren buscarse problemas), nos guste o no, ha convertido a Pozuelo en el refugio ideal para millonarios con pasados difíciles, personajes en fuga o, simplemente, individuos que buscan desaparecer de la conversación pública.
El asesinado Portnov no era un vecino cualquiera. Estaba sancionado por Estados Unidos por corrupción y violaciones de derechos humanos. Fue uno de los hombres clave de un régimen autoritario caído en desgracia. Y sin embargo, vivía tranquilo, paseaba por el municipio, llevaba a su hija al colegio. Hasta que alguien lo encontró, claro.
El modelo de ciudad blindada que ha hecho tan famoso al Gran Pozuelo de Alarcón también la ha vuelto vulnerable y no era eso lo que se buscaba.
La opacidad en alguna propiedad inmobiliaria, el nulo control vecinal y la desconexión absoluta entre estas comunidades cerradas y la vida del resto del municipio han creado un ecosistema donde todo puede pasar y nada se conoce.
No se trata de criminalizar a los residentes de lujo, más bien al contrario, sino de preguntarse a qué precio se ha construido este oasis. Porque lo que antes se vendía como exclusividad, hoy se parece demasiado a impunidad.
La paradoja es cruel. Estas famosas e inaccesibles urbanizaciones disparan el PIB de Pozuelo, llenando los rankings de renta, pero no aportan nada a la ciudad. No generan tejido social, ni participan en la cultura local, ni fomentan la convivencia. Lo hemos dicho muchas veces. No hacen Pozuelo. Creo que ni votan aquí o, sencillamente, pasan de votar. Son cápsulas de privilegio que solo engordan estadísticas.
Pero cuando la sangre salpica la acera, los datos de la riqueza acojonan.
Pozuelo está atrapado entre dos imágenes. La postal del éxito económico y el susurro creciente de que algo turbio se está gestando tras los setos recortados.
Lo que antes eran rumores (“dicen que allí se esconde tal o vive fulano”), ahora tiene cuerpos asesinados en el suelo, disparos y sirenas que aúllan miedo y dolor.
Cada crimen de este tipo deja una mancha que no se limpia con notas de prensa ni estadísticas brillantes.
¿Está Pozuelo de Alarcón convirtiéndose en el escondite predilecto de los poderosos con cuentas pendientes?
El crimen de Portnov no fue solo un asesinato. Fue un síntoma.
Y la enfermedad, si no se actúa, podría ser más profunda de lo que nadie se atreve a reconocer…
Amén.
El Capitán Possuelo






