¿Qué hay de político, de social y, sobre todo, de personal en la pertinaz decisión, casi obsesiva, de la alcaldesa Tejero por crear un Recinto Ferial, que le lleva hasta cometer ilegalidades?

La ilegalidad cometida por algún responsable del Gobierno del Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón, que preside la alcaldesa Tejero, ordenando o consintiendo que el pasado 31 de julio se utilizase maquinaria pesada en el acondicionamiento del Recinto Ferial en el entorno de la Avenida de Europa, tiene una serie de lecturas políticas muy interesantes…
¿Qué hay de político, de social y de personal en la pertinaz decisión, casi obsesiva, de la alcaldesa Tejero de crear un Recinto Ferial que le lleva, incluso, a cometer ilegalidades?
Esa es la pregunta de los cien millones de euros…
Y es que si hay decisiones políticas que se explican por la gestión, no ha sido esta. Ni tampoco ha sido por la ideología. Más bien parece responder a una mezcla de orgullo, empecinamiento y necesidad de demostrar que nadie puede torcerle el brazo a una alcaldesa al que el cargo le viene grande…
Insisto, ¿qué hay de político, de social y de personal en la testaruda decisión de la alcaldesa de Pozuelo de seguir adelante con un Recinto Ferial hasta cometer ilegalidades cuando lo rechaza una parte muy importante de sus propios votantes?
¿Hasta dónde es capaz de llegar esta mujer obstinada?
Analicemos sucintamente la situación…
Desde el punto de vista político, cuesta encontrar una explicación racional.
La gestión de este mandato está muy lejos de las expectativas que despertó en 2023.
Buena parte del programa electoral continúa sin materializarse (apenas un 55%) y los dos grandes proyectos que debían marcar la legislatura (Palacio de Congresos-Hotel y Recinto Ferial) han acabado envueltos en una intensa contestación vecinal y en los tribunales.
No parece, por tanto, el mejor balance para quien llegó prometiendo una etapa de transformación para Pozuelo sin conocer la ciudad ni a sus vecinos.
Pero el problema va mucho más allá de la política.
Socialmente, Paloma Tejero nunca ha terminado de comprender la personalidad de Pozuelo. Gobernar este municipio exige escuchar mucho antes de decidir. Aquí los vecinos solo quieren que se les deje en paz. No basta con ganar unas elecciones para disponer de un cheque en blanco durante cuatro años.
Sin embargo, la alcaldesa ha terminado enfrentándose con barrios enteros. El Centro, la Avenida de Europa, Montegancedo, La Cabaña, Húmera…
La lista de conflictos es demasiado extensa para ser una casualidad.
Y cuando son tantos los colectivos que muestran su rechazo, quizá el problema no esté únicamente en quienes protestan.
Eso, además, cuando ha incumplido su promesa de rebajar impuestos. Una medida muy “ayusera” esa de bajar impuestos.
Pero, en lugar de bajarlo, Tejero creó la Tasa de Basuras.
Una tasa que cobró antes de tiempo y en su máxima potencia.
Luego, usando su autonomía financiera, la bajó. Pero no suficientemente. Se equivocó. Ahora ha bajado simbólicamente el IBI y la Tasa de Vado.
Pero ya para el año que viene. Puf. “Cuán largo me lo fiáis”, que decía El Tenorio.
Y luego está la dimensión personal.
Toda carrera política tiene un proyecto emblemático.
El de Paloma Tejero parecía destinado a transformar la zona de la Avenida de Europa.
Pero, uno tras otro, los utópicos pilares de esa estrategia se han ido desmoronando empezando por la oscuridad, tirando a algo más, de la elección del proyecto.
Primero fracasó en el intento de alterar de forma abrupta viejas costumbres del casco urbano. De golpe. Sin debatir ni pensar.
Después fracasó en el proyecto de la plaza de toros en la calle San Juan de La Cruz al quedarse sin el respaldo de unas peñas taurinas a las que había maltratado.
La cosa esa de las Viviendas Sociales para alquileres baratos, con las que ha querido cambiar la identidad de esta ciudad, también se le ha venido abajo.
De cinco desarrollos, escasamente, terminará uno en esta legislatura.
Más tarde comenzó a resquebrajarse el gran proyecto del Palacio de Congresos con hotel asociado. Aparte de la burrada, se lo ha tumbado la justicia.
Como la justicia le tumbó el desarrollo de Montegancedo, en el que nadie quería entrar (por algo) pero que ella muy ‘adanista’ le dio salida y fracasó…
Y ahora el Recinto Ferial se ha convertido en el símbolo de una batalla que parece librarse más por orgullo que por necesidad.
Y ante todo este fracaso, alguien tiene que pagar los platos rotos…
Y los están pagando los miembros de la asociación POZCAVIR, que únicamente han ejercido un derecho reconocido por cualquier Estado de Derecho: Primero protestar y después acudir a los tribunales cuando no les atendieron y consideraron que una actuación administrativa vulneraba la legalidad.
Resulta especialmente llamativa la presión política y social que soporta su presidente Javier Cabo, convertido en el rostro visible de una oposición vecinal que contradice a una alcaldesa que se cree la Reina del Mambo…
Creo que el señor Cabo está ya a tres centímetros de ser la persona más odiada (políticamente claro) de la ciudad.
La relación política entre la alcaldesa y el presidente de POZCAVIR parece haberse deteriorado hasta un punto difícilmente reversible.
Y es que todo indica que, para la alcaldesa Tejero, Javier Cabo ha dejado de ser el presidente de una asociación vecinal para convertirse en el adversario (no sé ya si personal o político) al que no está dispuesta a conceder ni una victoria… Aunque llevase razón, que la lleva.
Y quizá esa sea la cuestión de fondo.
Cuando un gobernante convierte un desacuerdo urbanístico en un conflicto personal, corre el riesgo de dejar de gobernar para todos y empezar a gobernar únicamente para demostrar que no piensa rectificar porque su soberbia se lo impide.
Y eso, en democracia, rara vez acaba bien.
Porque las obras pueden inaugurarse, los recursos judiciales pueden resolverse y los mandatos terminan.
Pero lo que permanece es la huella política que deja quien tuvo la oportunidad de unir a un municipio y prefirió dividirlo.
Lógicamente, porque ni la alcaldesa ni su guardia pretoriana (todos forasteros) supieron nunca qué ciudad querían…
Juan Manuel Sánchez






