La primera piedra de la sublevación ciudadana ya está puesta en Pozuelo de Alarcón: La concentración contra la política caprichosa de Tejero fue más importante de lo que pareció

Contra viento y marea. Contra la indiferencia. Contra el miedo. Contra la comodidad. Contra la sensación de que nada puede cambiar. Contra el conformismo de la mayoría, un grupo de vecinos de Pozuelo de Alarcón se concentró ayer frente al Ayuntamiento.
No eran muchos. Es verdad. Sobre 150. Tal vez, 170.
Muchos más, desde luego, que los que se concentraban antes.
Pero no importa.
Era la primera vez.
Y eso cambia completamente el significado de lo ocurrido.
Pozuelo es una ciudad extraña. Una ciudad donde miles de personas viven, trabajan, pasean y forman sus familias, pero donde la mayoría de ellos no tienen el sentimiento de pertenencia a ella. No la sienten como algo común.
La participación ciudadana no existe. Aquí nunca pasa nada. Aquí nadie protesta. Aquí el poder siempre gana.
Hasta ayer.
Porque ayer, por primera vez en su historia, hubo un grupo de vecinos que decidieron dar un paso al frente.
Cometieron errores. Es normal. Aprenderán. Toda movilización ciudadana empieza así. Ningún movimiento nace perfecto. Lo importante no era la organización. Lo importante era romper el silencio.
Hasta ahora, los principales frenos a los abusos del Gobierno de Paloma Tejero han venido de los tribunales. Fueron los jueces quienes frenaron Montegancedo. Fueron los jueces quienes pararon el Recinto Ferial y el Palacio de Congresos-Hotel. Fueron los jueces quienes pusieron límites a dos contrataciones que levantaban demasiadas preguntas.
Curiosamente, todos esos frenos se han producido en esta legislatura de becarias caprichosas.
Pero una democracia sana no puede depender únicamente de los tribunales. Necesita vecinos vigilantes. Necesita ciudadanos comprometidos. Necesita personas dispuestas a defender su ciudad contra el Gobierno de forasteras que vienen, cobran y se van…
Es difícil luchar contra un poder que lo controla prácticamente todo. Es difícil enfrentarse a una maquinaria política acostumbrada a gobernar sin oposición real. Es difícil cuando muchos vecinos todavía no son conscientes de la importancia de lo que está en juego.
Por eso, precisamente por eso, la concentración de ayer fue importante.
Quizá hoy la alcaldesa y su equipo se feliciten. Incluso, se vanaglorien de su éxito con la soberbia de la que presumen. Quizá interpreten la asistencia como una señal de respaldo a sensu contrario. Como si el resto de la población les apoyase. Quizá crean que tienen vía libre para seguir haciendo lo que quieran.
Sería un error si piensan así.
Porque los movimientos ciudadanos no se miden por el número de asistentes de su primer día. Se miden por su capacidad para perseverar.
Toda historia comienza con un primer paso.
Ayer se dio ese paso.
La primera piedra ya está colocada.
La semilla ya está plantada.
Y una vez que los vecinos descubren que pueden alzar la voz, resulta mucho más difícil volver a imponerles el silencio.
Puede que ayer fueran pocos.
Pero la pregunta que debería inquietar al Gobierno municipal no es cuántos fueron ayer.
La pregunta es cuántos serán mañana.
Y cuantos les favorecerán con sus votos…
Los cabreados siguen siendo miles.
Y la alcaldesa debería rectificar y tomárselo en serio.
El Capitán Possuelo






