Historia de los Mil Pozuelos (y IV) escrita por un pozuelero de nacimiento: Es muy importante que los representantes locales deban residir aquí para vivir sus problemas y sentimientos

Termino este pequeño relato de experiencias vividas reivindicando lo que creo de vital importancia, aunque sea tan elemental que causa vergüenza apuntarlo.
Y es que, para comprender y sentir las necesidades, el orgullo y dignidad que merecen los antiguos usos y costumbres de cualquier pueblo, sus representantes locales deberían de residir en el mismo, vivir sus problemas y salir a la calle a escuchar sentimientos y sugerencias.
Todavía es más oportuno y necesario señalar que, para poder discernir y encauzar honesta y acertadamente su trabajo con la profesionalidad que merece, a todos los políticos y burócratas en general, se les debería de exigir en su currículo haber trabajado durante algunos años como autónomo, en su propia empresa, o como empleado de cualquier otra privada.
El algún lugar donde por vital necesidad diaria de supervivencia, se evalúa y mide con rigor en todo momento la inversión, los costes e impuestos, el riesgo y sus beneficios, los tiempos, el rendimiento y su eficiencia, etc., etc.
Para sostener y ratificar esta modesta y última opinión y, como apéndice, me atrevo a señalar como desafortunado ejemplo, el lamentable, importante e increíble “olvido” que ha sufrido el gran proyecto de infraestructura de ARPO que, a corto plazo, nos habría servido a todos de gran ayuda: El aprovechamiento de su magnífica proximidad a la Red de Metro Madrileño.
La movilidad es el gran problema de Pozuelo y con ello se habría superado posteriores molestias y riesgos para las futuras construcciones, menores costes en maquinaria, transporte y tiempo, se podría haber gestionado para poner a disposición de los vecinos, para el fluido y cómodo crecimiento del área y de la localidad en su conjunto, ese insustituible, práctico y rápido medio de transporte, cada vez más imprescindible y necesario.
Pero no se pensó en eso…
No podemos olvidar la constante amenaza oficial de que, en un futuro muy cercano, por natural crecimiento demográfico, por falta de espacio para nuevas infraestructuras en superficie de entrada y salida de la capital, por lógica necesidad, sólo va a estar permitido en las horas más importantes y dinámicas del día desplazarse en automóvil si vamos acompañados y, además, pagar por ello.
Como desgraciadamente el político es el primer oficio en el listado de falta de responsabilidad en su trabajo, si algo sale mal nunca es culpable (“El político hace la sopa y si le interesa no se la come”, dice el dicho popular), la mayoría de nuestros representantes, salvo raras y conscientes excepciones, nunca reconocerán la vergüenza de su fracasado, pero bien remunerado trabajo.
Castigados a que mediocres actores sigan utilizando el ritual de la política en busca del poder por el poder, agitando trasnochados pero efectivos ideales históricamente fracasados que retuercen a su favor la necesidad de cada momento, sólo nos queda la esperanza de que el paso del tiempo, y aquella enigmática ley del equilibrio que todo lo impregna en la naturaleza del infinito espacio, lo arregle de la mejor forma.
Lo innegablemente palpable en nuestro caso, es que la fuerza de la constante y aplastante mayoría política ha perjudicado y perjudica gravemente nuestro entorno material y social.
Sólo nuestra privilegiada situación con respecto a Madrid hace que todo se relativice para nuestros nuevos vecinos inconscientes de lo que fue, pudo ser y no ha sido.
Juan Pozuelo
Pozuelo de Alarcón, marzo de 2026






