El Pueblo Existe critica unas declaraciones de Tejero calificando a la Plaza de Padre Vallet de “viejuna”, en un concurso cerrado, y mostrando su desprecio creciente al centro de Pozuelo

A veces una palabra revela más que un discurso entero. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido con las declaraciones de la alcaldesa de Pozuelo, Paloma Tejero, al referirse a la plaza del Padre Vallet como “ochentera”, “antigua” y directamente “viejuna”. No es un lapsus. No es un comentario inocente. Es una forma de mirar al centro de Pozuelo que cada vez resulta más evidente.
Porque cuando la alcaldesa de una ciudad habla así de una de las plazas más representativas de su casco histórico, lo que está mostrando no es solo una opinión estética: está mostrando un profundo desprecio por el corazón urbano de su propio municipio.
La paradoja es todavía mayor si se recuerda algo básico: la remodelación de esa plaza que ahora se califica con términos despectivos fue impulsada por gobiernos del propio Partido Popular. Es decir, la misma familia política que ahora la ridiculiza fue la que decidió su diseño y ejecutó las obras. Si hoy es “viejuna”, como dice la alcaldesa, lo es también el legado de su propio partido.
Pero el problema no es solo la contradicción política. El problema es el tono, el fondo y el mensaje que se lanza a los vecinos del centro. La plaza del Padre Vallet no es un decorado urbano que pueda ser objeto de bromas o calificativos superficiales. Es un espacio donde se ha desarrollado durante décadas la vida cotidiana de Pozuelo: comercio, encuentros, fiestas, recuerdos. Es parte de la memoria colectiva del municipio.
Y, además, aquella remodelación tampoco fue un episodio menor ni tranquilo. Las obras estuvieron rodeadas de polémica y de imágenes que muchos vecinos aún recuerdan: trabajadores en huelga, protestas y situaciones límite, con personas subidas a una grúa denunciando que no cobraban su trabajo. Fue un episodio duro que forma parte de la historia reciente de la plaza. Resulta, como mínimo, cínico despreciar hoy el resultado como si aquello no hubiera ocurrido y como si las decisiones de entonces hubieran caído del cielo.
Pero lo más preocupante no es solo cómo se habla de la plaza. Es cómo se está planteando ahora su futuro.
El Ayuntamiento ha presentado una exposición de maquetas para repensar la Plaza Mayor y la plaza del Padre Vallet. Sobre el papel, podría parecer una buena iniciativa: abrir el debate, generar ideas, imaginar el futuro del centro de Pozuelo. Sin embargo, en cuanto se rasca un poco la superficie aparece un detalle que resulta difícil de justificar.
El concurso está limitado exclusivamente a estudiantes de la Universidad Francisco de Vitoria.
Ni la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, ni otras universidades con facultades de arquitectura, ni —lo que es aún más grave— estudiantes de Pozuelo que cursen arquitectura en otros centros pueden participar. Un joven empadronado en Pozuelo, que haya crecido jugando en esa plaza y que esté estudiando arquitectura en cualquier otra universidad, queda automáticamente excluido.
¿De verdad nadie en el Ayuntamiento ve el problema?
Cuando se trata de imaginar el futuro de dos plazas centrales del municipio, lo lógico sería abrir la participación al máximo talento posible, especialmente al de los propios vecinos. Pero aquí se ha hecho exactamente lo contrario: cerrar el proceso y dirigirlo hacia una única institución.
La pregunta surge sola, y cada vez más vecinos empiezan a planteársela sin rodeos: ¿qué le debe Paloma Tejero a la Universidad Francisco de Vitoria?
Porque no se trata de cuestionar el nivel académico de esa universidad ni la capacidad de sus alumnos. Se trata de algo mucho más simple: por qué se excluye deliberadamente al resto. Por qué se limita la participación. Por qué se convierte una iniciativa municipal en un ejercicio casi exclusivo de una institución privada concreta.
Y en medio de todo esto hay otra cuestión que resulta difícil de entender. El Ayuntamiento de Pozuelo cuenta con un director de comunicación pagado con dinero público, precisamente para evitar errores de este tipo y para cuidar el mensaje institucional. Por eso resulta incomprensible que un artículo de estas características haya salido adelante sin que nadie haya considerado el daño que supone para la imagen del propio municipio y para el respeto debido a sus vecinos. Permitir que la alcaldesa describa de esa manera una de las plazas más emblemáticas del centro no es un fallo menor: es un síntoma de una preocupante falta de criterio en la comunicación institucional.
Mientras tanto, el mensaje hacia el centro de Pozuelo es cada vez más claro. Se ridiculiza una plaza llamándola “viejuna”, se presenta su transformación como si todo lo anterior fuera un error y, al mismo tiempo, se decide su futuro en un proceso cerrado donde muchos vecinos ni siquiera tienen la oportunidad de participar.
Es difícil no ver en todo esto una constante: la incomodidad de este gobierno municipal con el casco histórico de Pozuelo. El centro parece molestar. Sus plazas parecen sobrar. Su estética parece ser un problema que hay que corregir.
Pero Pozuelo no empezó ayer ni se limita a urbanizaciones nuevas y proyectos relucientes. Pozuelo también es su casco histórico, sus calles y sus plazas. Y quienes gobiernan deberían ser los primeros en respetarlas.
Porque cuando una alcaldesa llama “viejuna” a una plaza que forma parte de la vida de su ciudad, en realidad está diciendo mucho más de lo que pretende. Está dejando claro que el problema, quizá, no es la edad de la plaza… sino la distancia entre el gobierno municipal y el alma del centro de Pozuelo.
Carlos Lázaro, de El Pueblo Existe







Pues la plaza viejuna la terminaron de afear (por no ser más castizo), sus colegas de partido, con un horroroso mostrenco de hormigón armado, que a parte de edificio feo, siempre tengo la sensación que me voy a dar en la cabeza cuando paso por allí.