Pozuelo, según el triunvirato de la autoestima, es ya la ciudad más segura de la Comunidad, llegando a bajar el tráfico de drogas un 85’7% en el año 2025 (eso sí, solo hubo un delito de esos)

Con permiso y sin ánimo de ofender (que luego hay gente que se sube por las paredes) tengo que empezar diciendo que en el Gran Pozuelo de Alarcón hay una nueva manera de la autoestima. Tanto que, según me cuentan, va a ser estudiada en la Facultad de Psicología del Campus de Somosaguas.
(Qué envidiable debe de ser levantarse cada mañana, mirarse al espejo y ver reflejado a un ser de luz cuya sola gestión ha convertido a Pozuelo de Alarcón en el nuevo Edén de la seguridad occidental)
Y es que este tipo de amor propio pozuelero parece alcanzar cotas de lirismo administrativo tras hacerse pública una nota de prensa sobre seguridad ciudadana en la que la alcaldesa Tejero, el comisario de la Policía Municipal Antolínez y el nuevo comisario de la Policía Nacional Galván entran en paroxismo…
(Recuerden que son mortales, señores)
Porque hay que quererse mucho (pero mucho) para anunciar con solemnidad que el Gran Pozuelo de Alarcón es el paraíso de la seguridad ciudadana (no me beso porque no me llego), hasta el punto de que el tráfico de drogas ha descendido un 85,7%.
(Espejito, espejito, ¿cuál es la ciudad más segura de la Región?)
El problema es que el propio Balance de Criminalidad 2025 del Ministerio del Interior recoge que, en todo el año 2025, hubo un solo delito en ese epígrafe. Uno. Singular. Irrepetible. Casi pieza de museo.

Y, además, no explican a qué se debe esa homérica hazaña… Lo dan por supuesto. Y si no lo entiendes pues… Te jodes…
Sin duda, lo de estas tres autoridades no es estadística: es fe. Mejor, es autoestima numérica. Es la capacidad de convertir un “1” en una gesta heroica. Porque claro, si pasas de algo que ya era prácticamente inexistente a algo aún más inexistente, el mérito es metafísico.
(Y para sostener esa narrativa sin que te tiemble la voz hay que tener una autovaloración a prueba de hemerotecas)
Imaginemos el ejercicio de confianza interior que supone salir ante los vecinos y proclamar tamaño éxito. No cualquier éxito, no. Se ha bajado un 85,7% en los delitos de tráfico de drogas. Una cifra tan precisa, tan quirúrgica, tan de laboratorio.
La exactitud decimal siempre da sensación de ciencia. Aunque la cocina estadística haya trabajado con ingredientes homeopáticos.
Pero la dignidad institucional exige convicción. Y convicción no les falta ni a la alcaldesa Paloma Tejero ni al comisario de la Policía Municipal Lorenzo Antolínez ni al recién llegado comisario de la Policía Nacional Celso Galván que aún se mueve por Pozuelo con GPS.
(Vivan esos comisarios de policía bien plantados)
La autoestima, dicen los manuales de psicología, es la percepción que uno tiene de su propio valor. Y aquí el valor parece medirse en ruedas de prensa y porcentajes redondos.
Si el dato es pequeño, se agranda el porcentaje. Si el porcentaje es grande, se agranda la sonrisa. Es una gimnasia emocional admirable: convertir una anécdota estadística en una epopeya de gestión.
Mientras tanto, insisto, algunos vecinos comentan (con menos autoestima y más ojeras) que los fines de semana en Humera el botellón, las drogas, el ruido y el vandalismo no parecen haber leído el Balance de Criminalidad.
Si no lo persigo, no existe.
Si no multo, no existe.
Esa es la estrategia.
Y mientras los fines de semana en #Húmera: botellón, drogas, vandalismo y ruido#quéseguroesPozuelo #LeClubSomosaguas https://t.co/A8MzRdVTcQ— Húmera. Pozuelo de Alarcón (@pueblodehumera) February 24, 2026
Pero quizá ese sea el problema. La realidad no siempre entiende de porcentajes. La realidad es tozuda, desordenada y poco estética.
No cabe bien en un PowerPoint.
Y mucho menos sis e hace el ridículo político.
Juan Manuel Sánchez





