“Yo he vivido el miedo que se pasaba en el AVE al cruzar Adamuz”: Un pozuelero, que viaja con frecuencia a Málaga, relata lo que sintió sobre un IRYO dos días antes de la horrible tragedia

Buenos días, Capitán:
Aunque continuo muy impactado y conmocionado quisiera relatar mi experiencia ya que por motivos profesionales viajo cada quince días a Málaga y yo he vivido en el miedo que se pasaba en el AVE al cruzar Adamuz…
Vivo en Pozuelo y el último desplazamiento que hice fue el pasado jueves, día quince de enero, tres días antes de la tragedia.
Salí de mi domicilio a las 6.15h AM con una temperatura de bajo cero. Tomé el primer metro ligero en la estación de la Avda. de Europa. El metro ligero lo tomo hasta la estación de Aravaca donde cojo el cercanías que me lleva a Atocha.
A la estación de Atocha llegué a las 6.55h AM. Me gusta llegar con tiempo suficiente de antelación a la salida del tren destino María Zambrano de Málaga.
Las puertas de embarque las abren veinte minutos antes de la salida del tren que fue a las 7.36h. En esas puertas están los empleados de IRYO controlando y organizando el embarque. Chicos y chicas jóvenes, bien uniformados, perfectamente aseados, gentiles y colaboradores con las personas algo despistadas que siempre hay en cualquier viaje.
Partió el tren puntualmente, a las 7.36h AM. Si la noche anterior me acosté tarde entonces aprovecho para echar una cabezada. Ir de Atocha a la estación María Zambrano prácticamente es un paseo. A veces despierto en el destino, otras voy trabajando con mi portátil pero no te das cuenta porque como digo es un paseo.
La hora prevista de llegada era las 10.20h. Llegamos con casi media hora de retraso. El tren hizo varias paradas durante el trayecto. Paradas no oficiales. Se detenía en el medio de la nada.
Después de realizar mi trabajo y gestiones con un cliente en una Notaría próxima a la calle Larios junto a los clientes nos fuimos a comer.
Tenía el billete de regreso para las 18.40h, billete que tuve que cambiar porque terminé tarde otra reunión con otros de mis clientes.
Finalmente tomé el último IRYO que partió de la estación María Zambrano hacia Madrid a las 20.40h con llegada a las 23.23h.
En el tramo donde se ha producido el accidente catastrófico me encontraba en el bar tomando una coca-cola. En el bar estábamos cuatro personas, una de ellas era ciudadano francés y una pareja. En ese tramo durante cinco, seis segundos, que se hacen interminables, aquello vibraba inexplicablemente.
Los cuatro nos miramos unos a otros y ninguno fuimos capaz de articular palabra.
El camarero, un chico joven, muy delgado tuvo que agarrarse fuertemente a la encimera del bar para evitar caerse.
Cuando pasaron esos cinco, seis segundos con el estómago encogido me fui a mi asiento y sólo deseaba llegar a Atocha. Lo que, en principio, es un paseo el regreso a Madrid se me hizo bola.
Yo fui testigo de las vibraciones del tren. Lo viví en mi propio cuerpo.
Según informaciones que están emitiendo todos los medios de comunicación todo apunta a que se ha debido a una rotura de vía quizás por falta de mantenimiento. No lo sé. Yo solo sé lo que sentí.
Y sé que hace meses el sindicato mayoritario de maquinistas envió una carta a los responsables de la infraestructura comunicando las incidencias. Caso omiso…
En un país donde no hay presupuesto, donde los políticos no hacen más que robar el dinero de todos los ciudadanos y contribuyentes pues es normal que no se hagan mantenimientos y el riesgo de estos accidentes cada día es mayor y no sólo en los ferrocarriles igualmente en las carreteras que están las mayoría con baches, agujeros, es increíble que este país esté en estas condiciones.
¿A partir de ahora cómo viajaré a Málaga?
¿Qué funciona bien en España?
“España, con Sánchez, sigue descarrilando”.
Juan Pozuelo, un vecino de Pozuelo de Alarcón, pagador de impuestos que roban los políticos.





