El Ayto. de Pozuelo y la deriva comunicativa: El nuevo director de Comunicación Jorge Navas García-Moreno confunde la institución con su ego, buscando incluso la confrontación

Desde septiembre de 2025, la comunicación institucional del Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón atraviesa una de sus etapas más tensas y polarizadoras.
La llegada de Jorge Navas García-Moreno a la dirección de Comunicación supuso, en teoría, una oportunidad para renovar el tono y la estrategia de un departamento que muchos consideraban agotado.
Sin embargo, nada más lejos de la realidad.
Quienes esperaban un cambio de rumbo respecto a su antecesora —cuya gestión ya había sido objeto de críticas por su estilo hermético y agresivo— se han encontrado con una continuidad absoluta o, incluso, un empeoramiento del clima comunicativo.
El nuevo director ha seguido la misma línea, pero con una intensidad mayor, llevando la confrontación a un nivel difícilmente justificable en el ámbito institucional.
Lejos de la discreción y el rigor que se espera de un responsable público, Navas ha optado por un estilo visceral, personalista y combativo, interviniendo directamente en redes sociales para responder —a menudo con arrogancia— a cualquier voz que cuestione la gestión del equipo de gobierno.
Las críticas ciudadanas, las preguntas de periodistas locales e incluso las observaciones de asociaciones vecinales reciben respuestas que, más que aclarar, parecen buscar el descrédito o la burla.
La confusión entre lo público y lo personal.
El problema no reside solo en las formas, sino en lo que revelan. Cuando un director de Comunicación entra al trapo en redes como si fuera un tertuliano más, se difumina la frontera entre la institución y el individuo. La cuenta municipal deja de ser un canal informativo y pasa a ser una herramienta de confrontación política, con la credibilidad pública como principal víctima.
Pozuelo de Alarcón no es una excepción en el auge de la comunicación política agresiva, pero el caso resulta especialmente llamativo por el contraste con la imagen tradicional del municipio: un enclave que presume de civismo, solvencia y estabilidad.
Esa reputación se erosiona cuando la comunicación institucional adopta el tono de un “troll” digital.
La administración pública debe ser ejemplo de mesura. No puede comportarse como un usuario más en una red social, porque representa a todos los ciudadanos, incluso a los críticos.
Sin embargo, en Pozuelo, la dirección de Comunicación parece haber hecho suya la máxima de que “el que no está conmigo, está contra mí”, desdibujando los límites de la neutralidad institucional.
El espectáculo antes que la gestión
El actual modelo comunicativo del Ayuntamiento ha priorizado la imagen por encima de los hechos. Los canales oficiales se inundan de contenido autocomplaciente, inauguraciones y vídeos cuidadosamente editados, mientras se minimizan o ridiculizan las voces disidentes.
La transparencia se ha sustituido por la narrativa; la información, por el relato.
Lo más preocupante es que esta estrategia no es casual. Responde a un patrón de comunicación política que busca controlar el discurso público mediante la intimidación dialéctica.
Al contestar con prepotencia a cada crítica, se disuade a los ciudadanos de participar en el debate. Quien alza la voz, se arriesga a recibir una respuesta desde el poder, revestida de ironía o sarcasmo.
En ese contexto, la comunicación institucional deja de cumplir su función democrática y pasa a ser una correa de transmisión del poder político. Lo que debería ser un puente entre administración y ciudadanía se convierte en una trinchera.
La necesidad de una comunicación madura
Los vecinos de Pozuelo merecen una comunicación basada en el respeto, los datos y la rendición de cuentas.
El Ayuntamiento no puede actuar como si las redes sociales fueran un campo de batalla personal.
El estilo provocador, altanero y reactivo de la dirección de Comunicación puede generar ruido, pero no construye confianza.
Al contrario: socava la autoridad moral del propio gobierno municipal.
La comunicación pública exige humildad, escucha y capacidad de rectificar. Cuando se sustituye la empatía por la soberbia, la consecuencia es la desafección. Y cuando se responde a la crítica con chulería, el mensaje que recibe el ciudadano es claro: la institución no escucha, impone.
Si Pozuelo de Alarcón quiere recuperar una comunicación digna de su prestigio y de sus vecinos, deberá replantear su modelo.
La política municipal no puede depender del temperamento digital de un portavoz ni de su necesidad de ganar debates efímeros en redes sociales. Lo que necesita son hechos, datos y respeto.
Porque al final, la arrogancia puede ser eficaz a corto plazo, pero la transparencia —la verdadera— siempre termina imponiéndose.
Carlos Lázaro Pellón, miembro de El Pueblo Existe






