¿Tiene la Policía Municipal de Pozuelo órdenes de multar a los vecinos que llevan a sus hijos a los colegios y de mirar hacia otro lado cuando esos mismos vecinos los llevan a misa en Caná?

Yo sé, y lo vengo diciendo desde hace mucho tiempo en estas mismas páginas, que el Gran Pozuelo de Alarcón es un lugar singular. Y digo lugar porque no está claro que sea una ciudad o un pueblo aunque tenga el título de Villa.
Y, como es muy singular, no es fácil de entender por los políticos que nos manda el PP de Madrid para gobernarnos. La mayoría de ellos tratan a este lugar como una ciudad o un pueblo cualquiera y se equivocan.
Hay algunos que se dan cuenta pronto y se limitan a llevar a cabo una política de “Verlas Venir” y otros, como los actuales, que no se encomiendan a Dios ni al Diablo.
Y, ayer, sucedió un ejemplo muy aclarativo de esta realidad.
Ayer, un miembro de la Asociación Cívica El Pueblo Existe denunció, en El Correo de Pozuelo, la obsesión sobrevenida de los agentes de la Policía Municipal (se supone que cumpliendo órdenes del Comisario Antolínez que, a su vez, las habría recibido de la alcaldesa Tejero) por poner multas a los vecinos que llevan sus hijos a los colegios Escolapios, Liceo Sorolla y Kensington.
El artículo ha provocado un gran debate, aparte de un gran número de lectores, sobre si está bien o está mal que la Policía Municipal multe a los padres que llevan a sus hijos a esos colegios. Unos colegios, dicho sea de paso, que siempre han provocado un caos de tráfico. Son colegios muy importantes de Pozuelo y tienen un gran número de alumnos. Pero ese caos es algo sabido desde hace muchos años y tolerado porque la solución no es fácil aunque se haya intentado muchas veces.
Y, lógicamente, cada mañana y cada tarde, el mismo drama. Cientos de padres de Pozuelo llevan a sus hijos al colegio y no hay forma humana de aparcar. Y las aceras se saturan y los vados se ocupan y los huecos de aparcamiento son imposibles.
Así que los padres hacen lo que cualquiera haría: paran un momento en doble fila, abren la puerta, los niños bajan con la mochila y el bocadillo, y en treinta segundos el coche está en marcha de nuevo.
Pero, últimamente, hay algo que empieza a oler mal. Porque mientras los padres hacen malabares para cumplir con los horarios escolares y laborales, aparecen los agentes de la Policía Municipal —que deben haber recibido alguna instrucción especial porque antes no pasaba— y empiezan a repartir multas a diestro y siniestro. Multas por parar un minuto. Multas por detenerse con el motor encendido. Multas por tener la osadía de llevar a los hijos al colegio sin helicóptero.
¿De verdad la Policía Municipal de Pozuelo tiene órdenes de multar a los padres?
¿Existe alguna directriz interna para “dar ejemplo” a base de sanciones a quienes, por pura necesidad, se detienen unos segundos en doble fila?
Si es así, alguien en el Gobierno debería explicarlo con claridad. Porque no parece muy lógico ni muy humano convertir en infractores a quienes solo intentan conciliar la vida familiar con la laboral. Pero…
Pero en Pozuelo siempre hay un pero…
Pero, de pronto, una lectora nos ha enviado su opinión en forma de dos preguntas:
Primera pregunta: ¿Por qué no ocurre lo mismo los domingos y días de fiesta en la Avenida de Europa, en los alrededores de la Parroquia de Santa María de Caná?
Ay, amigo, con la Iglesia hemos topado, Sancho, porque es la pregunta del millón de euros. Ese que se va a gastar Tejero en Navidad. O más.
Y es que en Caná las normas y la Policía Municipal parecen esfumarse. Coches aparcados en las aceras, en los pasos de peatones, en las medianas, en las esquinas… todo vale. Nadie multa. Nadie avisa. Nadie “da ejemplo”.
Segunda pregunta: ¿Por qué se multa a los padres que llevan a sus hijos al colegio, pero no a esos mismos padres cuando llevan a sus hijos a misa los domingos?
Y lleva razón:
¿Por qué entre semana son infractores y el domingo, feligreses ejemplares?
¿Depende el rigor de la ley del horario escolar o del horario de misa?
Si la ley es la misma para todos, lo lógico sería que se aplicara siempre. Y si no se aplica, como no se ha aplicado nunca con rigidez, alguien debería dar explicaciones, insisto, por qué ahora se multa en los colegios.
Porque esta diferencia de trato no solo genera malestar sino que está haciendo que muchos vecinos empiecen a mirar a la Policía Municipal con recelo. Y eso es peligroso.
Una policía municipal debería ser respetada y querida, no temida y odiada. El respeto se gana con justicia, con sentido común y con proximidad al ciudadano. No con sanciones indiscriminadas ni con favoritismos selectivos.
Pozuelo no necesita una policía que actúe como si el vecino fuese su enemigo. Necesita una policía cercana, sensata, que entienda la realidad cotidiana del municipio y que use el criterio, no el bloc de multas, como herramienta principal.
Porque si lo que se busca es “educar” al ciudadano, se educa con ejemplo, empatía y coherencia. No con órdenes que huelen a doble rasero y a recaudación de pasta.
Sin duda, alguien del Gobierno no conoce esta Federación de Urbanizaciones que se llama Pozuelo y que forman un conglomerado municipal con Mil Pozuelos o alguien, como ese comisario estirado que manda en la Policía Municipal, quiere llamar la atención… Es muy de esos…
Pero alguien le ha debido decir que deje en paz a los vecinos que aparcan el Caná porque le puede venir un guantazo sin saber desde donde…
Y supongo que la alcaldesa no tiene nada qué decir porque las multas le vienen bien al Ayuntamiento y no quiere líos con la Iglesia.
No sé.
Pero todo en Pozuelo empieza a enloquecer…
El Capitán Possuelo






Y debe de ser que tampoco tienen órdenes de multar a todos los coches que se quedan en doble fila para degustar una maravillosa comida en los restaurantes de Pozuelo y aparcar en los sitios de minusválidos mientras el aparcacoches espera pacientemente su propina. Este Pozuelo se está convirtiendo en un cortijo.