La llegada de 400 MENAs a Pozuelo no solo es consecuencia del odio que Sánchez profesa a Ayuso sino también de la envidia que produce el estigma de ser la ciudad más rica de España

Que Pozuelo de Alarcón tenga la fama de ser la ciudad más rica de España no es un privilegio sino una condena. Lo he dicho muchas veces y por muchas razones. Primero y principal porque es mentira. Es cierto que lo puede ser estadísticamente porque en ella habitan ricos muy ricos pero es mentira porque esos ricos no viven en esta ciudad. No participan de ella. No sienten nada por ella. Son hologramas que cotizan. Punto. Y lo único que provocan en la Comunidad de Madrid y en España es el rechazo que produce la envidia.
Y a las pruebas me remito.
En estos días, Pozuelo de Alarcón ha vuelto a ser titular nacional. No por una inversión histórica, ni por la excelencia de sus colegios, ni por su calidad de vida. No. Ha vuelto a ser noticia porque el Gobierno de Pedro Sánchez ha puesto la diana en su espalda. Quieren traer a esta ciudad a 400 MENAs. Casi nada. Y el motivo no está ni en la lógica ni en la solidaridad. Está en la venganza política. Y en la envidia que esta ciudad produce y que popularmente se resumiría en un “vamos a joderlos que para eso son ricos”.
Así que vayamos por partes que diría Jack el Destripador…
Pozuelo es, según el INE y la Agencia Tributaria, la ciudad más rica de España. Y ese dato, que muchos creen un halago, es en realidad un castigo. Un estigma. Un sambenito que nos persigue. La leche en bote. Aquí atamos a los perros con longaniza. Y así se ha construido una leyenda (tan falsa como dañina) en la que parece que los pozueleros vivimos todos entre yates y Maseratis. Un relato que convierte al municipio en objetivo político de quienes necesitan alimentar su discurso de lucha de clases.
Pozuelo es la ciudad más rica de España, vale, pero solo en el papel. Porque aquí habitan, insisto, que no viven, algunos de los ciudadanos más adinerados del país. Son números estadísticos. No se les ve. No pasean. No compran en el comercio local. No toman café en las terrazas de la Avenida de Europa. Están, pero no están. Sin embargo es igual, su presencia infla la media hasta crear una ilusión que poco tiene que ver con la realidad de los vecinos de a pie.
Porque no nos engañemos, en parte, lo que está ocurriendo con los MENAs es consecuencia directa del odio que Pedro Sánchez profesa a Isabel Díaz Ayuso pero también es fruto de la envidia profunda que cierta izquierda siente por lo que representa Pozuelo de Alarcón, una ciudad gestionada por la derecha y famosa por su calidad de vida. Bueno, ya no tanta calidad de vida después de las alcaldesas-langostas que nos han gobernado la última y eterna década y que casi arrasan con todo como si de una plaga se tratara. Pero es igual, esa desgraciada situación aún no ha saltado extramuros porque el INE o la Agencia Tributaria se encargan, cada poco, en recordar que somos la pera limonera. Y, oiga, eso molesta. Mucho. Y cuando molestas, te castigan.
El delegado del Gobierno en Madrid, un tal Francisco Martín que llegó al cargo diciendo que Bildu había hecho más por los españoles que “todos los patrioteros de pulsera”, asegura que el centro CREADE de Pozuelo es “el mejor preparado técnicamente” para recibir a cientos de menores inmigrantes no acompañados llegados de Canarias.
¿En serio, Paco?
¿De entre todas las instalaciones públicas de España, justo este es el más preparado?
“Amos, venga ya”
No hay que ser muy perspicaz para entender lo que hay detrás: Castigar al bastión del PP en Madrid, poner en aprietos a Ayuso y ahogar a un municipio que brilla demasiado para el gusto de estos mediocres.
El Pozuelo real es una ciudad de clase media, media-alta. Con colegios públicos que luchan por mantenerse. Con barrios olvidados. Con personas mayores que viven solas. Con jóvenes que no encuentran vivienda. Y con bolsas de pobreza. Esa es la verdad. Y esa verdad no la publican ni el INE ni la Agencia Tributaria ni los medios que repiten sin pensar el cuento de los millonarios. Pero claro, es más fácil vender tópicos que escuchar a los vecinos. Unos vecinos divididos entre los que viven con seguridad privada y no pisan la ciudad y los que tienen miedo porque cada día leen la prensa. Y 400 MENAs son muchos.
Y mientras tanto, el Sánchez pretende imponer, sin diálogo, sin datos, sin planificación, la llegada masiva de esos menores inmigrantes a un centro que fue creado como recurso de emergencia para los refugiados ucranianos (venían familias enteras), no como albergue permanente de unos muchachos que buscan una vida de la que han oído hablar. La alcaldesa Paloma Tejero ha dicho no. Y ha hecho bien. Porque Pozuelo no puede ser el cortijo del Gobierno central ni el escaparate de su falsa solidaridad.
Aquí no se rechaza a nadie por racismo. Aquí se exige respeto, legalidad y planificación. Aquí se acoge, sí, pero con condiciones. Con sentido común. Con límites. Porque Pozuelo, aunque algunos se nieguen a aceptarlo, no es un decorado de lujo. Es una ciudad con mil problemas. Problemas muy singulares. Y con vecinos que no merecen ser tratados como si fueran culpables de algo solo por vivir donde viven.
La fama de Pozuelo como la ciudad más rica de España nos persigue. Y por eso nos castigan. Pero quizá haya llegado la hora de convertir ese castigo en una causa.
De defender con orgullo lo que somos, sin pedir perdón por serlo.
Y ojalá esta barbaridad política sirva para unir a los Mil Pozuelos.
Sería lo único positivo.
Amén.
El Capitán Possuelo






