Tejero, como se esperaba, muestra su condición y rechaza el recurso de los vecinos sobre la injusta Tasa de Basuras con argumentos admvos., cuando es un gran problema político

Se sabía. Lo sabíamos todos. Se sabía que el Gobierno del Gran Pozuelo de Alarcón iba a rechazar el recurso presentado por los vecinos contra la nueva e injusta Tasa de Basuras. No importaban las alegaciones políticas, ni los argumentos jurídicos ni el clamor social. El recurso solo era un grito político, un acto de dignidad ante una injusticia flagrante. Todos sabíamos que se iba a rechazar pero no importaba, había que presentarlo y se presentó masivamente.
Incluso, lo sabía la propia alcaldesa forastera Paloma Tejero. Y la todopoderosa teniente de alcalde paracaidista Miriam Picazo. Y lo sabía la otra teniente de alcalde fracasada Lucía Molares. Pero ellas solo querían recaudar. Vinieron a salvar el trasero de Susana Pérez Quislant y amparar el escándalo que le supondría al PP tener tantas facturas sin pagar como dejó en los cajones… Y, claro, se quedaron sin dinero.
Pero daba igual. Lo importante era parar los escándalos de aquella indigente a la que el PP, además, premió.
Todo estaba decidido. Había que buscar dinero y todo le valía a estas políticas menores. Y esta tasa era ideal. Por eso, el problema aquí no es técnico, por mucho que Eugenio Martínez, Titular del Órgano de Gestión Tributaria, se haya esmerado en buscar fundamentos de derecho para justificar la desestimación. Supongo que los hubiera encontrado igual para estimarlo. El es profesional y “ni quita si pone rey pero ayuda a su señor”. Pero, amigos, el problema no es de legalidad. El problema es político. Y la alcaldesa y sus Tres María (Miriam Picazo, Lucía Molares y Laura Pérez de Ziriza) han fracasado estrepitosamente en política.
Más o menos, lo que han venido haciendo en estos dos años de legislaturas. Su fracaso en política es de aurora boreal.
Paloma Tejero llegó a la Alcaldía del Gran Pozuelo de Alarcón bajo la promesa de bajar impuestos. Lo dijo alto y claro. En línea con Isabel Díaz Ayuso, se comprometió a aliviar la presión fiscal. Pero apenas necesitó un año de gobierno para hacer lo contrario. No solo no ha bajado nada, sino que ha convertido Pozuelo en un infierno fiscal. Y lo ha hecho sin resistencia a la injusticia, sin una palabra de lucha contra esa injusticia, sin un gesto político que defendiera a los vecinos…
Cuando llegaron no sabían, ignorantes, que iba a poner en marcha la política de “la manta corta”. Si arreglaban lo de Quislant, se quedaban sin dinero; si la dejaban caer, todo su proyecto pepero se vendría abajo.
Fueron obedientes. Con una personalidad política cercana a la de un conejo de ARPO. Y a partir de ahí, las consecuencias de sus disparate.
La Tasa de Basuras impuesta por el Gobierno de España en la Ley 7/2022 debía aplicarse antes de abril de 2025. Pero Paloma Tejero fue de las primeras en lanzarse a cobrarla, sin cuestionarla ni plantear alternativas. Ni un solo gesto de desacuerdo. Ni una moción en contra. Ni una petición pública de aplazamiento. Solo una carta de esa indecorosa concejala de Hacienda a la que, como decía del maestro de Kun Fu, “No hay que despreciar a la culebra porque no tenga cuernos”. No se debe subestimar su amabilidad en los Plenos con la realidad de su proceder.
Y es que mientras otros alcaldes madrileños alzaban la voz en la Federación Madrileña de Municipios, de cuya Junta de Gobierno forma parte Paloma Tejero, la alcaldesa de Pozuelo siempre guardó un silencio cómplice. Porque aquí, en ese Ayuntamiento, su único objetivo era recaudar. Recaudar, recaudar y volver a recaudar.
Y lo más sangrante. Sangrar a los vecinos cuando ni ella ni ninguno de los cinco principales cargos de su Gobierno (incluidas las Tres Marías) viven en Pozuelo. No pagan esta tasa en esta ciudad. No sufren lo que los vecinos soportan.
Es fácil imponer sacrificios cuando no se comparten. Es fácil subir tarifas cuando no se vive en la ciudad. Pero a Tejero y su tropa le ha dado igual. Y lo ha hecho sin pestañear…
Qué legislatura tan larga, madre…
Muchos vecinos confiaron en que Tejero representaba una ruptura con el pasado. Después de años de desgaste con Susana Pérez Quislant, su mayoría absoluta fue recibida como una oportunidad para regenerar. Pero ella no ha hecho limpieza. Al contrario. Se rodeó de perfiles amortizados, rechazados en otros municipios y comunidades. Y lo más lamentable, en lugar de denunciar los atropellos del pasado, se los ha comido con patatas.
Calló ante los abusos. Asumió la herencia sin crítica. Y cuando empezaron a caer promesas electorales por falta de dinero, no se le ocurrió otra cosa que abrazar la cooperación público-privada como salvación. Otro eufemismo. Otra fuente de opacidad. Otra trampa política para seguir gestionando desde la oscuridad.
¿Dónde ha quedado la dignidad política de Paloma Tejero?
¿Dónde la defensa del interés de los pozueleros?
En dos años no ha peleado nada por los vecinos. No ha plantado cara en su defensa. No ha levantado la voz por los que pagan su gran sueldo. Solo ha venido a aplicar medidas fiscales impopulares con la frialdad del que no siente ni pertenece.
Pozuelo, el Gran Pozuelo de Alarcón, ha sido abandonado por quienes deberían protegerlo. Ya solo quedan vecinos engañados, impuestos al alza, mucho cabreo sordo, mucha decepción política y un gobierno que gobierna desde fuera y para otros fines.
Paloma Tejero pasará a la historia como la alcaldesa que prometió aliviar los bolsillos de los pozueleros y acabó saqueándolos. Una decepción política de proporciones históricas.
Por eso, que haya mandado buscar argumentos legales para desestimar los recursos, entra dentro de lo que se esperaba. Hay que recaudar y se recauda.
Claro que, como dice la resolución, podemos reclamar. Faltaría. Pero eso ya empieza a costar dinero mientras que a la abusadora le sale gratis porque, curiosamente, sus abogados también los pagamos los vecinos… Es de una indecencia política insufrible.
No era esto lo que votamos, no.
Y lo peor, como ya advertimos desde El Correo de Pozuelo, aún está por llegar.
Amén.
El Capitán Possuelo






