El Pueblo Existe asegura que la obsesión de Paloma Tejero y Laura Pérez de Ziriza con las redes sociales (ese gran espectáculo vacío de Pozuelo) es solo para tapar su falta de gestión

Pozuelo de Alarcón se ha convertido en un escenario donde las redes sociales son el eje central de la gestión política. Si bien las redes sociales pueden ser una herramienta poderosa para conectar con los ciudadanos, en el caso de la alcaldesa Paloma Tejero y su mano derecha Laura Pérez de Ziriza demuestran ser únicamente simples plataformas de su penar político. Una obsesión, una cortina de humo que oculta la falta de acción real, y una testarudez que se alimenta de la imagen y el “buenismo” vacío, sin verdadero impacto en el bienestar de los vecinos. Fuego fatuo.
La política como un espectáculo
El fenómeno es innegable. La alcaldesa de Pozuelo Paloma Tejero parece haber hecho de su imagen en las redes sociales una extensión de su mandato. Fotografías perfectamente cuidadas de ella participando en eventos, presumiendo de proyectos y, sobre todo, mostrando su “cercanía” a los ciudadanos, son parte del paisaje cotidiano de sus perfiles. Sin embargo, detrás de esa imagen pulida y de esas sonrisas, se esconde una realidad menos glamurosa.
Laura Pérez de Ziriza, su jefa de gabinete y comunicación, es la albañila detrás de esta imagen mediática. Aunque no ostenta el cargo de alcaldesa, su influencia es tal que muchos la consideran la alcaldesa en la sombra, la verdadera gestora detrás de las decisiones y las estrategias comunicacionales.
Su habilidad para crear una narrativa perfectamente orquestada en las redes sociales ha sido clave para consolidar la pobre imagen de Tejero. Pese a sus intentos y postureo no ha logrado, en ningún momento, trasladar esa fachada de éxito a acciones concretas que resuelvan los problemas de la ciudad.
La memez del “bien quedar”
La obsesión de Tejero y Pérez de Ziriza por las redes sociales refleja una política superficial, basada en el “bien quedar”, pero carente de sustancia.
En lugar de afrontar los problemas reales que aquejan a Pozuelo, como la creciente falta de servicios públicos, la gestión de la vivienda o la inseguridad creciente, lo que parece importarles es la creación de una imagen de éxito.
Se han convertido en expertas en mostrar solo lo que quieren que veamos, como si sus publicaciones en Instagram, por poner una de las redes más ciudadas, pudieran resolver los problemas del municipio.
Las redes sociales no son más que una extensión de su deseo de protagonismo, de su afán por mantenerse en el foco. Nos muestran un Pozuelo idealizado, donde todo parece ir bien pero la realidad en las calles es bien distinta. Las carencias en infraestructuras, la falta de programas reales de integración social y la indiferencia ante los verdaderos problemas se mantienen invisibles, precisamente porque no encajan con la imagen que se quieren transmitir.
¿Realmente les importa Pozuelo?
El peligro de esta obsesión por la imagen es que acaba despojando a la política de su verdadera función: servir al interés general. Tejero y Pérez de Ziriza han convertido su mandato en un producto mediático, donde lo que importa es cómo se ven, no lo que hacen.
No parece haber un verdadero interés por abordar los temas que preocupan a los vecinos de Pozuelo. Los ciudadanos, que a menudo se sienten desconectados del proceso político, solo reciben migas de la política real a través de unos canales perfectamente diseñados pero nada más.
Además, su afán por proyectar una imagen de cercanía a través de las redes sociales parece más bien una estrategia para perpetuarse en el poder. La constante interacción online es solo una forma de asegurarse de que su nombre esté siempre presente en los titulares, a pesar de que muchas de sus promesas y propuestas han quedado olvidadas en el olvido tras las cámaras.
La gestión real de la ciudad se desvanece mientras que su imagen se mantiene intacta, como si solo importara la apariencia.
Conclusión: Una política vacía y peligrosa
Paloma Tejero y Laura Pérez de Ziriza han convertido Pozuelo de Alarcón en un laboratorio de experimentación para su propia imagen. El resultado es una política vacía, donde las redes sociales y el “bien quedar” ocupan un lugar primordial, pero los verdaderos problemas de los ciudadanos siguen sin resolverse.
La ciudad necesita menos promesas en forma de fotos y más acción en las calles. Pozuelo de Alarcón no merece una política de imagen, sino una gestión real, comprometida y cercana. Lo que hoy tienen, sin embargo, es una alcaldía atrapada en el espejismo de las redes sociales, donde el mensaje se vuelve más importante que la acción.
Son tan torpes que no entienden que las Redes Sociales no votan. Y menos si se miente.
Juan Pozuelo, miembro de El Pueblo Existe




