Disquisiciones sobre la decadencia político-administrativa del Ayto de Pozuelo y su relación con el ocaso del Código Ético y de Conducta bajo la absurda gestión de Tejero

El Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón es una sombra de lo que fue. La desmoralización de sus trabajadores y, por qué decirlo, su desfallecimiento (que tanto está afectando a los vecinos) tienen una clara causa que hay que buscarla en las decisiones políticas y de pura gestión que ha tomado la alcaldesa Paloma Tejero en poco más de un año y medio de Gobierno.
Tejero no ha estado afortunada con sus decisiones absurdas y, en muchos casos, caprichosas, irresponsables e improvisadas y, desde luego, muy alejadas de lo que sería considerado un Buen Gobierno. Tal vez porque no supo qué hacer, políticamente, en Pozuelo de Alarcón cuando se enteró que su predecesora Quislant solo había dejado trampas económicas y presupuestarias y una gran debilidad moral en unos trabajadores agotados de tanto capricho y soberbia.
Y, aunque estemos hablando de un ente público, su principal fuerza (como en toda empresa) reside en sus trabajadores.
Y todo se empezó a venir abajo. Y la alcaldesa Tejero se enrocó. Y ni siquiera buscó ayuda en el Código Ético y de Conducta del Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón, ese gran desconocido en el Viejo Convento desde hace ya casi una eternidad.
Y eso que el Código Ético y de Conducta fue escrito para ser una herramienta a la que acudir para garantizar la integridad institucional, la transparencia y la participación ciudadana. Porque ese Código Ético y de Conducta existe por algo. Y está colgado en la web municipal. Y no es de adorno. Eso sí, está olvidado.
Es más, yo creo que, incluso, despreciado en esta legislatura pese a la penosa gestión de la alcaldesa Paloma Tejero que lo ha convertido en poco más que una declaración de buenas intenciones que no encuentra eco en su realidad política y administrativa.
El Código establece la necesidad de una “cultura que desaliente toda actividad fraudulenta” y promueva una “conducta responsable, ética y transparente”. Pero eso no va con esta alcaldesa y a lo largo de este año y medio de Gobierno ha hecho todo lo contrario. Desde el principio se comportó inadecuadamente y comenzó a desinflar la poca ilusión que trajo tras Quislant.
De hecho nombró a los Directores Generales sin concurso ni publicidad en un alarde de autocrático inasumible. Y nadie lo entendía.
Y después uso y abuso de la legislación municipal matando el espíritu del ROGA y del ROP para llegar alocadamente a la imposición de la tasa de basuras sin hacer un solo gesto político en defensa de los vecinos o a la organización de una fatua Macrofiesta de Nochevieja contra viento y marea y con tantas trampas que ya veremos en qué acaba todo porque presuntamente se cometieron todas las irregularidades del mundo. Algunas, si no eran ilegales, parecían ilegales.
Además, los constantes gestos de malos modos en la interacción política y administrativa de ella y de su Gobierno y los fichajes inadecuados e inoportunos han agravado la situación, generando un distanciamiento entre el gobierno municipal y los trabajadores del Ayuntamiento y, en definitiva, de la ciudadanía.
La transparencia y la rendición de cuentas, pilares del Código, también han quedado relegadas y eso ha dejado en la administración de Ayuntamiento muestra una alarmante opacidad en cuestiones claves.
Las herramientas que estaban a su disposición para informar y comunicar las decisiones municipales a la ciudadanía no se han empleado de manera efectiva, limitándose a tratar de ocultar la verdad y solo vender acciones menores que no cumplían los objetivos éticos establecidos.
En lugar de fomentar espacios de consulta y debate que permitieran influir de alguna manera en las políticas municipales, Tejero ha mantenido una actitud distante, ensoberbecida y limitando la oposición a un papel decorativo. Ni siquiera permite que la Oposición escriba unas líneas de opinión en la revista Vive Pozuelo.
Esta falta de diálogo no solo impide el desarrollo de proyectos acordes con las necesidades reales de los vecinos, sino que refuerza la sensación de que la alcaldesa no tiene un modelo claro para el futuro de Pozuelo. Su política es huir.
El Código Ético y de Conducta del Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón representa un marco valioso para una gestión ejemplar. Sin embargo, su potencial se ha visto gravemente mermado debido a una gestión que ha mostrado falta de dirección, una preocupante desconexión con las necesidades reales de los ciudadanos y una actitud distante y poco empática de la alcaldesa.
Aventuro que, con esta decadencia político-administrativa del Ayuntamiento de Pozuelo, la ciudad habrá perdido otros cuatro años. No se puede escupir al cielo.
Esta ciudad con esta gente no tiene solución.
Pero Pozuelo merece un gobierno que no solo proclame principios éticos, sino que los convierta en acciones concretas y lejanas de la soberbia. Solo así se podrá restaurar la confianza de los trabajadores del Ayuntamiento y avanzar hacia una administración que verdaderamente responda a los valores de integridad, transparencia y servicio público.
Juan Pozuelo





