Un año, nacido para la esperanza en Pozuelo, se ha convertido en un drama: Y si no es así, a qué espera la alcaldesa Tejero para hacer un balance político de Gobierno de estos 12 meses

Hoy, hace un año, los vecinos de Pozuelo de Alarcón votaron masivamente al PP. Mayoría absolutísima. Y aunque alguien pudo pensar, en una primera lectura, que era lo normal, se equivocó. Cuatro años antes, el PP de Susana Pérez Quislant había perdido, por primera vez en democracia, esa mayoría absoluta que tenía en Pozuelo. Un hecho que podía haber sido el momento ideal del cambio, aunque fuese para abrir las ventanas del viejo convento, pero la oposición se miró el ombligo y no pasó nada. Es más, gracias a la torpeza de Vox Pozuelo primero y de Ciudadanos Pozuelo después, Quislant gobernó como si tuviera mayoría absoluta…
Cuatro años después, lógicamente, reinaba el caos en el Ayuntamiento de Pozuelo y esa era la razón de la mayoría absoluta. Los vecinos querían el cambio… Daba igual. Querían el cambio y lo votaron masivamente con la esperanza de despertar de un mal sueño.
Votaron casi sin mirar. Daba igual. Encabezaba la candidatura una mujer que ni siquiera vivía en Pozuelo. Daba igual. La acompañaba gente que solo conocía esta ciudad de oídas y otra cuyo mérito había sido ser pelota del mayor fraude político que ha dado la villa. Daba igual. No había programa político en las promesas electorales más allá de una serie de medidas deslavazadas. Daba igual. No importaba nada. Salgamos de esta… Es imposible ir a peor…
Un año después, todas aquellas cosas que no importaban ahora sí importan porque, increíblemente, ha sido posible estar peor…
El Gobierno Tejero no quiso creer que había una brutal deuda oculta. Un endeudamiento del que era responsable el Gobierno de Quislant y que no había desvelado a los vecinos ni a los acreedores e, incluso, la había mantenido fuera del balance presupuestario, presuntamente, gracias a una complicidad caótica de la interventora Miralles.
Algunos lo advertimos. Pocos. Pero se nos descalificó por exagerados.
Y a partir de tal día como hoy de hace un año, empezó el calvario de un Gobierno creado para vivir y que está condenado a morir. Está ya moribundo.
Y ahí empezó el baile. Y como Tejero no sabía muy bien qué Pozuelo quería, políticamente hablando, comenzó a ver que ni siquiera podía poner en marcha las más mínimas medidas de su programa…
Y comenzó a dar tumbos. Alguien le había ordenado o aconsejado que no denunciara a los causantes de tantos males (Quislant y Oria) por el bien del PP y se la tragó doblada. Y, tal vez, ante esa impotencia empezó a cometer errores de principiante. Y huyó hacia el único sitio político que le quedaba: La nadería entre chuminadas.
Y empezó a comprometerse, en su desdicha política, a hacer vivienda pública demostrando que no sabía ni quería saber lo que era Pozuelo. Un Pozuelo que, aparte de tenerlas previstas en los grandes desarrollos urbanísticos más que de sobra, ni las quería ni las necesitaba. Esta ciudad necesita vivienda pública para acabar con sus guetos pero no tanta como ha prometido Tejero porque Pozuelo dejaría de ser Pozuelo. Es así de sencillo.
Pero ¿qué sabe este Gobierno de esta ciudad?
(Esperemos que la “Wolf Conexión” no nos devuelva a tiempos pretéritos con tanto compromiso urbanístico)
Y lo peor es que, al no ver ninguna salida, fue atacada por el síndrome de la prepotencia y empezó a tomar decisiones impropias. Casi delictivas. Disposiciones absurdas. Oscuras. Tenía prisa sin saber que las prisas solo son buenas para los ladrones, los malos toreros y los políticos menores. Y ella, si es que no lo era antes de venir, se convirtió en una política menor. Y los culpables empezaron a ser los otros. Los demás. Todos menos ella. Y a su lado, su gente le decía: Da caña, Paloma. No escuches. Todo el mundo te quiere hundir.
Y la gente se empezó a marchar de su lado y otra gente, de su padre y de su madre, empezó a llegar. Y los errores creían. Y los resbalones la dejaban en situación grotesca. Y los ridículos se acumulaban. Compraba todo lo que le vendían los charlatanes de feria. Todo. Algunas cosas daban vergüenza ajena pero ella las vendía como genialidades. Pobreta.
Y eso desbocó sus entendederas políticas. Y, en lugar de mandar parar, siguió huyendo. Dicen que, incluso, maltratando presuntamente a sus colaboradores. Y, encima, tratando de aparentar ser una nueva rica. Ni siquiera pensó que un coche grande en Pozuelo no destaca nada, más bien al contrario…
Y lo que dio igual hace un año porque todo era esperanza, se convirtió en decepción. Casi en drama. Y los vecinos, salvo los chupópteros, empezaron a pensar que la legislatura está herida de muerte… Otros cuatro años perdidos.
Es lo que hay…
Y si el círculo cercano a la alcaldesa cree que, en lugar de ayudarla a reflexionar con este artículo, estoy volviendo a ser un exagerado, lo tiene fácil:
Que la Alcaldía publique un balance político del año…
Nos vamos a reír mucho…
Amén.
El Capitán Possuelo






