El Fantasma de don Agustín, mientras ve como llega gente al Ayto con cajas para recoger sus despachos, espera que los ecos de la campaña electoral le lleguen al Torreón para comentarla

Terminaba el pasado día diciendo que quedaba a la espera de noticias. Hoy no puedo decir que no haya habido alguna. Con cuentagotas, pero han ido apareciendo.
Todo parece indicar que voy a ver muchas caras nuevas y que, por tanto, voy a dejar de ver a algunos que he visto durante algún tiempo. También me ha llegado que, afortunadamente para mí, voy a seguir contando con personajes que me pueden dar algún entretenimiento. Lo agradezco de corazón, porque no me va a faltar algo de vidilla.
No sé si será algo más que un rumor, pero también he escuchado por los pasillos decir, a los que por aquí deambulan, que voy a volver a ver a alguno que no veía desde hace tiempo al dejar este viejo convento de forma repentina.
Y es que, en eso de la política, alguno hay que parece que cuenta con las mismas vidas que los gatos.
Pero, en cualquier caso, la cosa se presenta movidita y me da el olfato que hasta puede dar cierto juego.
Lo que si es cierto es que ya han empezado a traer cajas porque algunos tienen que empezar a recoger sus trastos. Las mudanzas siempre dan quebraderos de cabeza y más para aquellos que pensaban que todo era definitivo. Y si en la vida, pese a lo que alguno pueda creer, casi nada lo es, en política mucho menos.
El caso es que todavía, pese a todo esto que les cuento, no ha empezado la campaña electoral, todavía nos encontramos en los prolegómenos, en los primeros movimientos de aproximación. Esto se parece a las grandes batallas y, de momento, estamos en lo que se podría definir como una fase de tanteo, aunque también en ella se puede conseguir algún que otro rédito.
Es cierto que el viento sopla en una determinada dirección y que lo hace con fuerza, pero como decía aquél: “hasta el rabo todo es toro”.
Por mi parte, estoy aprovechando estos días para coger fuerzas que, me temo, me van a ser necesarias e imprescindibles para poder seguir los acontecimientos y uno ya tiene que empezar a cuidarse.
Esta vez tengo la cosa más complicada. Mucho de lo que vaya sucediendo estos días va a estar más fuera que dentro de la Casa y yo, ya saben, me tengo que limitar a estar aquí dentro.
Pero, al menos, me llegarán los ecos, porque, aquí, todo termina por irse sabiendo.
Don Agustín “el Fantasma del Torreón”






