La soberbia y el ego, como grandes aliados del despotismo político, hicieron que la alcaldesa Susana P. Quislant no acompañase, como era su obligación, a los Reyes en su visita a Pozuelo

Podía hablar de la soberbia de los diosecitos catalanes del Futbol Club Barcelona y cómo fueron humillados por alemanes y gaditanos que los que hicieron “bajar” a la tierra y aprender como el que escupe al cielo acaba llenándose de su propia saliva. Es lo que me pide el cuerpo. El futbol es como la vida y siempre termina dándonos lecciones…
Pero tengo que hablar, una vez más, de la nefasta gestión de nuestra alcaldesa, de su soberbia y de su penúltima estupidez. Susana Pérez Quislant lo supera todo, incluso conllevando su propio suicidio político que, como saben, es doble (el pack incluye a su marido).
Me estoy refiriendo a su ausencia en la visita de los Reyes de España con sus hijas al centro de refugiados ucranianos, sito en nuestra villa. Algo impresentable.
Hay gente que me dice para justificar su ausencia que ELLA, como no le dejaban llevar al “fotógrafo” del panfleto municipal Vive PPozuelo y sabe que sin foto no hay paraíso, se autoexcluyó. Nada sin mi fotógrafo.
No lo creo del todo. A mí me parece que esa no es razón suficiente porque el móvil lo capta todo.
Yo estoy más pensando en que ese centro de refugiados ucranianos no le da votos. Ni siquiera se ha dignado a dejarse ver por allí. Estoy porque alguien le dijo que no da votos, ni nómina a fin de mes y, como el tema del idioma necesita traducción, poca salsa vería para su futuro próximo.
Los peor pensados, por otra parte, apuestan a que su ausencia a su soberbia. Al feo que le hizo Sanchinflas al no haberle consultado la ubicación de tamaña decisión en su feudo. Ya se sabe que de ego van los dos sobrados, aunque uno camine en Falcon y la otra en híbrido municipal.
Sin duda, Quislant ha perdido el oremus, aunque realmente nunca lo haya tenido. Y como, además, la compañía que la rodea en el Ayuntamiento está para ser encerrada en el mismo y tirar la llave, ELLA camina de tumbo en tumbo hasta el golpazo final.
Pero lo cierto es que, a la espera de alguna nueva rotonda, aderezada con banquete y Peñas, entramos en su tiempo de descuento aunque, como al trilero monclovita, no descarto una nueva vida con este PP mariacomplejado, más pendiente de la foto por salir agraciado que por servir a los ciudadanos.
Es lo que tiene ceder la batalla cultural, primero te cambian la historia y después se pierden los valores.
Y Melgarejo…sigue.
Alejandre






