La NO Semana Santa de Pozuelo: Otro evidente fracaso de la política descabezada de la alcaldesa Quislant y otra oportunidad perdida para intentar darle sentido a esta ciudad inerte

El Gran Pozuelo de Alarcón no tiene Semana Santa. Y lo digo con dolor. Es una pena que esta ciudad apenas tenga unos cuantos actos religiosos intramuros en alguna de sus parroquias, casi compromisos obligados por la liturgia de estos días, pero en la que ni Cristo ni su Madre salen a la calle a cuerpo para muestra de su mayor gloria y de la devoción de los pozueleros…
Estoy seguro que algún lector me dirá, en este momento, que hay un par de procesiones o tres. Lo mismo hasta cuatro. Y es cierto. Pero son procesiones menores, dicho sea de paso. Procesiones que están circunscritas a tres o cuatro rincones y, desde luego, ignoradas por la gran población. Nada. Eso no es nada para lo que debería ser la Semana Santa del Gran Pozuelo de Alarcón. Esta ciudad tendría que tener una Semana Santa luminosa, aunque, como dice una amiga mía, eso obligase a las autoridades a quedarse para asistir a ellas y no irse a disfrutar de esa misma Semana Santa fuera.
Y hablo de la necesidad de una gran Semana Santa en Pozuelo no solo por lo que significaría de potenciación de su religiosidad, que también, sino por lo que supondría políticamente para la ciudad.
Una gran Semana Santa contribuiría a acortar el número de los mil Pozuelos que existen y a profundizar en el sentimiento de identificación de los vecinos con la ciudad en la que viven…
Pozuelo de Alarcón tiene un grave problema que es el padre de todos sus problemas. Pozuelo, y lo he dicho muchas veces, no es una ciudad propiamente dicha sino una federación de urbanizaciones en donde cada persona vive y cuenta la feria como le va en su urbanización. Y hablo de las grandes, de las medianas y de las pequeñas. Lo demás no les importa. Y las demás urbanizaciones les importan menos. Y Pozuelo como tal les es ajeno. Ni siquiera saben que existe. Viven en una entelequia urbana.
Pozuelo es una ciudad sin alma. Y la zona en la que queda algo de ese alma está en los centros urbanos es escasa e irá desapareciendo con el tiempo. Con la ley de la propia vida. Sus vecinos se agarran a mantener unas tradiciones pero lo hacen mal. Sin ninguna visión futura. Y desaparecerán según vayan desapareciendo ellos mismos.
Como es natural y a estas alturas del Siglo XXI, la búsqueda de ese necesario sentimiento pozuelero de unificación, de hacer que los pozueleros se sientan partícipes de una comunidad, solo puede ambicionarse desde una clara intención política.
Solo teniendo una idea política clara del problema primigenio que padece esta ciudad se podrá intentar reducir esos mil Pozuelos que, insisto, es el origen de todos los demás problemas.
Es necesario que los dirigentes políticos intenten abordar ese gran problema y cuanto antes porque no será fácil convertir a Pozuelo de Alarcón en una ciudad auténtica. En esa ciudad que, hoy por hoy, puede parecer utópica.
Y una solución para esa utopía sería que los vecinos de las urbanizaciones se sintieran atraídos y orgullosos de los actos que se celebran en Pozuelo. Y entre esos actos estarían fundamentalmente, los culturales y religiosos para echar a andar… No se puede desligar el mensaje religioso de los elementos culturales que componen la vida social.
Una Semana Santa importante haría que los vecinos de esas urbanizaciones cerradas saliesen a la calle a ver a los Pasos de sus Cristos sufrientes y Vírgenes dolorosas y a sentirse orgullosos de ellos y, por ende, de su ciudad…
Pero en Pozuelo de Alarcón no hay Semana Santa. Y ese es otro evidente fracaso de la política descabezada de la alcaldesa Susana Pérez Quislant y, qué duda cabe, otra oportunidad perdida para la unificación de los mil Pozuelos que, insisto, es el problema paraguas padre de todos los demás problemas.
Quislant no ha querido abrir esa fantástica iniciativa política en dos legislaturas. Ocho años perdidos. Tal vez porque ni se le ocurrió. O si se le ocurrió no supo cómo hacerlo. Y lo que es peor, en su soberbia, nunca quiso preguntar cómo se podría hacer. O tal vez ELLA no vino a transformar la ciudad sino a vivir de ella.
Es fácil, insisto, empezar a transformar la ciudad. Largo pero fácil. Sólo hay que tener voluntad de hacerlo.
Costará negociar con el Arzobispado y con los “capillitas” de Pozuelo… Y poner dinero. Y hacer concursos de tallas. Y más dinero. Y crear ilusión. Y obligar a algunos. Y suplicar a otros. Incluso, pedir ayuda a Telemadrid. Está ubicada en Pozuelo y tiene la obligación moral de echar una mano… Y crear festivales de música procesional… Hay tanto por hacer.
Es cuestión de tiempo pero una Semana Santa importante en Pozuelo, lo mismo que fue la Cabalgata de Reyes (y digo fue porque esta alcaldesa también se la ha cargado), es básica para crear ciudad. Para crear sentimiento de ciudad. Algo imprescindible para que deje de ser la ciudad de unos ricos, muy ricos, pero sin ningún valor añadido a la ciudad.
Solo hay que conocer Pozuelo. La idiosincrasia de la ciudad y querer transformarla no como ahora. No con edificios, asfaltados y más de lo mismo (eso se da por supuesto como el valor en la antigua mili) sino con ideas políticas arriesgadas para intentar darle identidad a una ciudad que no la tiene.
Pero para eso se necesita otra clase de políticos…
(Roguemos a “santa” Isabel Díaz Ayuso…)
Amén.
El Capitán Possuelo





