El miedo de la alcaldesa de Pozuelo le hace mostrar su déficit democrático: Se acoge a una autorización del Mº de Hacienda y cambia el sistema de provisión de Interventor Municipal
En la Junta de Gobierno de Pozuelo del 22 de septiembre se aprobó modificar la RPT (Relación de Puestos de Trabajo) de personal funcionario del Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón en lo que se refiere al puesto de Interventor General, tras jubilarse el inefable Interventor General del Ayuntamiento de Pozuelo Pepelui San Segundo o Sansegundo (que nunca supe de verdad cómo era su apellido)…
Aquello nos llamó la atención en El Correo de Pozuelo porque el puesto de Interventor General es muy sensible y, con ese cambio de sistema, la alcaldesa de Pozuelo Susana Pérez Quislant modificaba las condiciones que se exigían para aspirar a ese delicado puesto en un concurso público de méritos y abierto y conseguía que el nuevo interventor de Pozuelo fuese por libre designación. Vamos, para colocar a un interventor a dedo…
Y aquí, insisto, nos pareció raro… Aunque también nos pareció consecuente. Las cuentas de los Presupuestos del Ayuntamiento de Pozuelo no están claras. Hay, presuntamente, muchos gastos raros y de complicada justificación a causa de todas las circunstancias anormales que se han dado en el último año y medio y todo indicaba que la alcaldesa quería elegir al nuevo Interventor General… El miedo guarda la viña.
No por nada, claro…
Pero ELLA se mueve siempre más por “el por si acaso” que por “el no pensé”. Y una libre designación es siempre mejor que un concurso público de méritos en donde gana el mejor y, por supuesto, el más independiente.
Qué duda cabe que, para Pozuelo, es mejor un Interventor elegido a dedo que uno que gane el concurso de méritos. No quiero decir con ello que el interventor elegido a dedo vaya a hacer trampas, lejos de mí semejante mal pensamiento siquiera…
Y el cambio se aprobó en la Junta de Gobierno. Y se justificó. Y todo es legal como no podía ser de otra forma. Luego lo ha publicado el BOCM recientemente y a cumplir los plazos que exija el proceso…
Pero yo no hablo de legalidad en ese cambio de sistema de provisión, yo hablo de Déficit Democrático… Hablo de dignidad política. Hablo de limpieza de cualquier sospecha… Hablo de transparencia que es lo que exige hoy la política…
La democracia exige que la fiscalización de las cuentas públicas (y más en este Pozuelo de Alarcón tan castigado por la corrupción) sea lo más independiente posible…
Ya el Tribunal Constitucional, tan de moda ahora, en 2018 puso freno a la pretensión de los gobiernos regionales y nacionales para debilitar la independencia de los interventores de las administraciones locales, definiendo que esos interventores eran el control interno de las entidades locales…
El Interventor local, por recordar sus orígenes brevemente, se crea en el siglo XIX para luchar contra el poder de los caciques locales y se constituye como un funcionario del Estado cuya misión es controlar y fiscalizar todo lo relativo a la gestión económica del ayuntamiento. Es, en definitiva, un revisor externo de sus cuentas y de lo que el consistorio hace con los presupuestos públicos.
Por eso a los alcaldes no les gustan. Por eso los quieren dóciles. No quieren que nadie les controle para poder manejar a su entera libertad el cada vez más importante presupuesto municipal.
Hay mucha legislación, mucha jurisprudencia y muchos comentarios jurídicos a esa independencia de los interventores locales pero no quiero cansarles…
Es cierto que ahora el Ministerio de Hacienda ha autorizado que, en teoría, se pierda esa intachable independencia (sus razones tendrá) consintiendo que se pueda elegir por libre designación pero, amigos, “La mujer del César, además de ser honesta, debe parecerlo”.
Yo no pongo en cuestión la honestidad presupuestaria de la alcaldesa Quislant, digo que, además de ser honesta, debe parecerlo y que se haya hecho este cambio de sistema de provisión del puesto de trabajo de Interventor Municipal cuando en el Ayuntamiento de Pozuelo hay todo tipo de recelo y desconfianza del estado de las cuentas, no lo parece… Y eso, al menos, indica un grave déficit democrático…
Y ya veremos si no del grave déficit presupuestario…
Juan Manuel Sánchez






