Las navajas políticas de la izquierda brillaron en la constitución de la Asamblea de Madrid y se produjeron venganzas sarracenas entre ellas

La constitución de la Asamblea de Madrid ha sido un momento para las venganzas en la izquierda. Los ajustes de cuentas han estado presentes y las heridas se han abierto y sangrado abundantemente…
Unidas Podemos, por ejemplo, ha castigado a Vanessa Lillo (IU) por aquellas declaraciones en las que cuestionaba el resultado electoral y el Grupo parlamentario no la ha hecho portavoz. La ultra izquierda ni olvida ni perdona.
En cualquier caso, tan dura fue la derrota electoral que Podemos ni siquiera ha podido presentarse en la Cámara madrileña con su grupo parlamentario al completo. Lo inesperado de la retirada de Isa Serra, que no ha querido recoger el acta de diputada, ha sido tal que al grupo no le ha dado ni siquiera tiempo de acreditar a su sustituta.
La descomposición del Grupo se ha visto reflejada en esos nueve diputados que han tenido que improvisar una «portavocía coral» que queda en manos de Carolina Alonso y de Alejandra Jacinto.
Una imagen desoladora en la rueda de prensa en la que anunciaban estos nombramientos, con Vanessa Lillo, la llamada a este cargo, de convidada de piedra.
En los pasillos de la Cámara se comentaba que ya se había dado como portavoz a Jesús Santos, que al final se ha quedado solo en un proyecto neonato, quizás frenado por Ione Belarra que quería más mujeres al frente de la organización.
Ni siquiera sus compañeros de la izquierda han podido sostener la debacle de Podemos, al que no han apoyado para conseguir un puesto en la Mesa de la Asamblea. Como adelantó ABC se ha quedado fuera aunque ha tenido que apoyar a Más Madrid, para una vicepresidencia tercera, y al PSOE para una secretaría segunda.
Y mientras socialistas y Podemos se lamían las heridas que le ha dejado el 4M, los diputados de Más Madrid disfrutaban de su recién liderazgo en la oposición con Mónica García sentada ya en el lugar que le corresponde a la líder de la oposición, algo que humillaba a una Hana Jalloul, al final de la primera bancada, a la que ni siquiera la presidenta le dio la palabra que reclamó en la primera sesión para pedir un minuto de silencio contra los últimos asesinatos machistas.
Quién se lo diría a los socialistas…






