El Fantasma de don Agustín comenta el socavón de la Plaza Padre Vallet, el enfado de Sánchez por perder las elecciones y la necesidad de Quislant de reflexionar sobre ese mismo resultado

Las vacunas, más que para prevenir del virus, parece que se han convertido en el lenitivo con el que tratar de paliar un gran fracaso electoral.
Pero me da, que lo que se precisa es que se pongan rápidamente a trabajar para poder proporcionar a los madrileños una vacuna que les proteja de los desvaríos de Sánchez. Está visto que, para el presidente, el error cometido, al negarle el voto de forma mayoritaria, se debe pagar caro. Las afrentas a su persona no deben quedar sin castigo.
Bien harán en “Sol”, si van preparando, a marchas forzadas, un manual de resistencia para la que se avecina.
El caso es que esta semana no me ha dado mucho tiempo para pensar sobre cosas más allá de esta villa. Las circunstancias no lo han favorecido.
Hace tiempo les comenté que las velas, que habían instalado en la plaza del Padre Vallet, le daban a dicha plaza un aire marinero. En estos pasados días, pude presenciar, desde el torreón en el que resido, el embarrancamiento de un buque. Bueno, más que un buque fue un pequeño paquebote que se sumergió en el enlosado de la plaza.
¡Vamos, que quiso hacer de submarino!
El firme no fue capaz de resistir el peso de una de las máquinas destinadas a la limpieza viaria que quedó literalmente empotrada en la plaza.
Dicen, los que parecen saber, que la causa fue que se situó sobre el área destinada a una fuente en desuso. Y que esa zona no estaba preparada para aguantar semejante peso. Como esa zona, al igual que otra situada delante del edificio del antiguo ayuntamiento, es utilizada a diario, por los vecinos, se hace necesario que ambas sean reforzadas para prevenir otros accidentes y el consiguiente peligro que pueda suponer para ellos.
Me malicio que esto del embarrancamiento ha debido suponer, para la primera edil, un darse de bruces con la realidad. Con lo feliz que debía estar sumergida en eso de la alta política, celebrando los resultados de su partido en las elecciones.
¡Qué poco duran las alegrías!, debió pensar. Y es que esto de la vida municipal, y también de la política municipal, es otra historia.
Me imagino que, pese a ello, al fondo del pasillo del infierno, se estarán batiendo todavía las palmas. Pero yo les recomendaría un poco de calma y de sentido de la realidad. Quién trate de extrapolar resultados, me temo que se equivocará.
Si algo han puesto de manifiesto los ciudadanos, en estas últimas elecciones, es la importancia que tienen los candidatos. Influyen, qué duda cabe, las siglas, pero importa, y mucho, quienes encabecen las listas y su mensaje. Si ambos son capaces de ilusionar al electorado, o no.
Y, por si esto fuese poco, a lo mejor estas elecciones y su resultado, han conseguido que, a partir de ahora, quién manda en el ayuntamiento no sea nada más que, como suelen decir los americanos, un pato cojo.
Don Agustín “el Fantasma del Torreón”






