El Fantasma de don Agustín reflexiona sobre la victoria de Isabel D. Ayuso en las elecciones autonómicas pero muy especialmente sobre la derrota de Sánchez, que aún no se ha enterado
Al final, ganó Ayuso y el gran perdedor fue Sánchez.
Fue Sánchez quién perdió porque, crecido en su altanería, pensó que su partido podría alzarse con el gobierno de la Comunidad de Madrid, moción de censura mediante. Repetir a nivel de Madrid lo que ya hizo con el gobierno de la nación, cuando desbancó a Rajoy.
Pero los “egos” desmesurados suelen ser malos compañeros de viaje. Y una vez más, esa máxima se ha comprobado. Subestimó a Doña Isabel, creyó que la intimidaría y que su órdago no sería finalmente aceptado, pero sorprendentemente para él, lo fue. Y no encontró otra salida que intentar transformar las elecciones en una especie de plebiscito, sobre él y sobre su política.
Como hacen algunos jugadores de mus, fue de farol y, al tener que poner las cartas sobre la mesa comprobó que le había ganado quien llevaba una mejor jugada. Una contrincante cuya baza fue entender mejor lo que se cocía entre los ciudadanos. Aquella que, de una forma más certera, fue capaz de intuir por donde soplaba el viento y que, al hacerlo, acomodó sus velas para ganar impulso y ganar finalmente la regata.
Las realidades virtuales, las que se fabrican de puertas para adentro en palacios y despachos, no suelen coincidir con la verdadera realidad, que no es otra que aquella que viven, día a día, las familias, la que deben afrontar las empresas, los comercios y los negocios, la que se palpa en las calles y se puede apreciar escuchando las conversaciones de las gentes.
Definitivamente, el paisaje que se contempla desde el “Falcon” no se corresponde con el que se puede observar yendo a pie. Desde allí arriba las cosas pueden parecer distintas y hasta distantes.
El resultado de estas elecciones debería ser, para los que viajan en el avión, como si se hubiese encendido una señal de peligro, una señal que indicase que algún mecanismo esencial del aparato no funcionase bien, y fuese necesario realizar un aterrizaje de emergencia y poner pie en tierra
Eso sería lo lógico y hasta lo razonable. Pero también puede suceder que se ignoren los pilotos rojos. Que falle eso tan consustancial, hasta ahora, en la izquierda como es la autocrítica y se llegue a pensar que los equivocados son los ciudadanos que han escogido mal la papeleta de voto.
Signos de esto último ya se han apreciado en las interpretaciones que han realizado es algunos de sus dirigentes, quienes parecen empeñados en demonizar a cuantos no les han apoyado en las urnas. No se dan cuenta que, al hacerlo así, no solo hacen oídos sordos a sus demandas e ignoran sus inquietudes, sino que además insultan su inteligencia por no saber elegir bien.
Indudablemente, ese no es un buen camino para seguir. No se puede estar de acuerdo únicamente con aquellos resultados que nos benefician.
Los ciudadanos al votar lanzan un doble mensaje. Por un lado, emiten un veredicto sobre las políticas que se han venido realizando y, por el otro, lanzan un mensaje indicándoles a los gobernantes si es conveniente proseguir por el camino emprendido hasta ahora o, sí por el contrario, se precisa un cambio de rumbo.
Es malo no ser capaz de ganar unas elecciones, pero es bastante peor no entender por qué se han perdido.
Don Agustín “el Fantasma del Torreón”





