La aportación de Pablo Iglesias a la campaña electoral madrileña ha sido nula y solo ha ido de la ofensiva contra Vox en Vallecas a justificar la violencia de sus escoltas detenidos
El gran fracaso de esta campaña electoral ha sido la que ha realizado Pablo Iglesias. Y se demostró en su último mitin-cierre de campaña en Vallecas.
Al brutal ataque que sufrió Vox en el mitin celebrado el pasado 7 de abril en Vallecas con once detenidos por el lanzamiento de piedras y botellas, graves desórdenes y agresiones a policías, no hizo sino manifestar la ofensiva de Pablo Iglesias contra la formación, con el señuelo del «fascismo o democracia» como argumento.
Los mítines de las últimas semanas son una prueba fehaciente del tono belicoso y a veces sobreactuado que han tomado los discursos a izquierda o derecha, con este sábado con el conocimiento de un nuevo hito: Al tiempo que Podemos denunciaba la violencia de Vox, personal a sueldo del partido fue detenido precisamente por violento.
Iglesias justificó la lluvia de objetos y acusó a Abascal y Monasterio de ir a «provocar». «Frente a su odio, su violencia y sus provocaciones: democracia, justicia social y derechos humanos. Antifascistas siempre», dijo el candidato de Podemos a la presidencia de la Comunidad de Madrid en una batería de mensajes en Twitter.
Entre ellos, no obstante, no hizo una sola alusión a los agentes agredidos por los radicales de extrema izquierda que reventaron el acto.
Desde entonces, las intervenciones del líder de la formación morada han estado marcadas por esa supuesta dicotomía entre «fascismo o democracia». Iglesias, erigido como un ariete contra Vox, se arrogó sin remilgos la defensa de los valores democráticos. Un mitin en Príncipe Pío, el pasado día 24, da fe de ello. «Su proyecto es la destrucción de las bases materiales de la libertad y la democracia. Se vota entre fascismo y democracia», dijo en alusión a la formación conservadora y a su previsible socio, el PP de Isabel Díaz Ayuso.






