El Fantasma de don Agustín, tras envidiar las vacaciones de Pedro Sánchez, reflexiona sobre el parche de las velas que han colocado en la Plaza Padre Vallet, aquel viejo centro de la Villa

En eso de la política, ya se sabe, lo que parece es lo que termina siendo. Y por eso hay que transmitir imágenes, eslóganes; todo es susceptible de convertirse en propaganda, aunque no deje de ser sino una medio verdad.
Un claro ejemplo de cuanto les digo es la noticia que se ha hecho circular sobre el adelanto del término de las vacaciones del presidente del gobierno en aras del interés público. Ocultando, eso sí, que el adelanto, respecto a la prevista vuelta a la actividad, era únicamente de unas escasas horas. Pero claro, hay que trasladar la imagen de abnegación, de que se trabaja por y para el pueblo. Aunque, en realidad, para lo único que se trabaja es para uno mismo.
Porque es de mí parecer, que la verdadera muestra de abnegación habría sido no irse. No están los tiempos para eso. Pero los encantos de Doñana y de La Mareta deben tirar mucho. Poder estar allí le deben hacer sentir a uno muy importante. “De palacio en palacio y tiro porque me toca”, debió pensar.
Reconozco que los años me han podido hacer un poco cascarrabias, pero es que, cada vez, aguanto menos tamañas demostraciones de hipocresía, que no buscan otro fin que intentar camelar a la ciudadanía que, por otra parte, suele ser bastante ingenua.
Claro, que a lo mejor todo consiste en que me corroe la envidia, porque, en el fondo, también me gustaría lo de coger vacaciones. Pero, ya bien sea por mí carencia de corporeidad como por estar obligado por mis circunstancias a permanecer dentro de los límites de este antiguo convento, tengo vedado el ausentarme de “la Casa”.
Pero este año, pese a todo, me lo he pasado bien. Desde mi aposento he podido observar cómo, día tras día, la plaza del Padre Vallet ha ido adquiriendo un aire, podríamos decir que algo marinero. Se empezó por colocar unos pocos postes que, finalmente, fueron demasiados y que, si en un principio, me parecieron horrorosos, a la postre me lo han seguido pareciendo también.
No daba crédito, no llegaba a entender a que se debía semejante despliegue, hasta que un tiempo después comprobé que se iban amarrando a ellos unas lonas con cierto aspecto de velas, de foques diría yo. Entonces comprendí que aquellos que yo creía postes no eran sino mástiles. Mástiles de una embarcación varada en medio de una plaza ya de por sí embarrancada. Todo un símbolo.
Eché cuentas y pensé que la obra bien podía ser una ocurrencia de nuestros ediles para conmemorar, aunque tarde, la salida de la expedición Magallanes-Elcano. Pero no, pronto pude salir de mi error al escuchar los comentarios de los vecinos que llegaban hasta mi torreón. Todo el montaje no era sino para paliar el calor. Vamos, la horrorosa solanera que cae, de manera aplastante, sobre la plaza y que impide su uso y disfrute a los vecinos durante la época estival.
Aunque habrá que esperar a ver los resultados, para mí que no va a dejar de ser un parche más en una plaza que, desde el inicio de su remodelación, parece que la persigue un mal fario que la lleva a ninguna parte.
Como lo que me sobra es tiempo, esperaré sin desesperar porque alguna vez, alguien, tanto con la suficiente inteligencia como con la necesaria imaginación, logre dar con la definitiva solución para esta plaza, que hasta no hace mucho era el centro de la vida de esta villa y hoy está como está.
Don Agustín “El Fantasma del Torreón”






