El Fantasma de don Agustín comenta las prácticas autócratas de Quislant (apoyada en ese lazarillo de Vox) que han dejado sin voz a un representante de muchos vecinos de Pozuelo

No se escuchaba otra cosa en los pasillos esta semana. Lo comentaban, eso sí, en voz muy baja. Todos comentaban el pecado, pero nadie se atrevía a señalar al pecador. Repetían una y otra vez, como una especie de mantra, que a alguien se le había caído la máscara y que, por fin, se había podido ver su auténtico rostro.
Algunos, seamos bien pensados, pudieran no haberlo visto hasta ahora o, tal vez, se habían resistido a creerlo:
¡No podía ser!
Pero la inmensa mayoría lo sabía, pero tal vez por conveniencia propia, hacían como si no lo viesen e iban dejando hacer.
Porque el autoritarismo siempre ha estado ahí.
Pero ahora, lo más destacable, es qué para llevar a cabo esas prácticas autócratas, ha encontrado un dócil lazarillo, un perrito faldero que le ría las gracias. Como carece de mayoría en la Junta de Portavoces, necesitaba apoyos para conseguir su objetivo y los ha encontrado fácilmente.
¡Qué barato ha vendido VOX su progenitura!
¡Con que facilidad se está dejando llevar hacia su irrelevancia política en ésta, nuestra villa!
Al final se impuso la mayoría y el representante de “Somos Pozuelo” se quedó sin la capacidad de preguntar en el Pleno. Pero no se quedó él solo sin esa facultad, se cercenó esa posibilidad a todos aquellos vecinos que habían dado su apoyo a ese partido político en las elecciones de hace ahora un año.
Más de tres mil vecinos han sido ninguneados, se les ha retirado su derecho a ejercer el control al equipo de gobierno. Se les ha negado su condición de ciudadanos.
No, no se trata de estar a favor de sus planteamientos, de sus ideas. Se puede estar en contra, muy en contra de ellas, de lo que representan y de los fines políticos que ese grupo persigue, pero hay que ser respetuosos con las reglas de juego.
En democracia, siempre son los medios los que justifican los fines y no lo contrario.
Se ha negado un derecho, pero además se ha cometido un error político. Un grave error político.
Porque quitarles su capacidad de control es también impedir la confrontación dialéctica con ellos.
Transmitir la sensación de que se quiere evitar el debate porque no se está seguro ni de las ideas que se defienden ni de la gestión que se realiza.
Eliminar la disidencia es un recurso fácil para no tener que escuchar opiniones contrarias a la nuestra.
Y también un camino muy corto para perder la autoridad moral necesaria para pretender representar a todos.
Don Agustín “El Fantasma del Torreón”





