Francisco Javier Balmis Berenguer es el famoso médico militar que ha dado nombre a la “Operación Balmis” del Ejercito español para ayudar al control del coronavirus

Las Fuerzas Armadas Españolas han denominado la operación de ayuda para el control de la pandemia del coronavirus COVID19 como: “Operación Balmis”.
El nombre de la operación ha sido acertadamente elegido, pues en una situación parecida, salvando las distancias, el doctor en medicina, médico militar, nacido en Alicante, D. Francisco Javier Balmis y Berenguer lideró, a principios del siglo XIX, la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna cuyo objetivo fue la extensión de la vacuna contra la viruela a lo largo del dilatado Imperio Español de la época. Fue una de las gestas humanitarias más grande llevadas a cabo en el mundo y la primera operación a nivel mundial contra una de las perores pandemias padecidas por la Humanidad.
La Expedición dio la vuelta al mundo vacunando a las colonias españolas del Continente Americano y del Archipiélago Filipino. En Asia, se extendió la vacunación a China, se inoculó las poblaciones de Macao (entonces colonia portuguesa) y Cantón. Y, a su vuelta a España, se vacunaron a los habitantes de la isla de Santa Elena en medio del océano Atlántico.
La viruela es una de las enfermedades más mortales que padecen los seres humanos. Se trata de una enfermedad infecciosa grave que se transmite por contactos cercanos con las llagas que produce la enfermedad o por la respiración de las personas afectadas. Su mortalidad es del orden del 30 % de las personas afectadas. Pocos años antes, en 1796, el médico inglés Edward Jenner había descubierto le vacuna contra tan terrible enfermedad.
En el ocaso del imperio, con graves problemas de financiación, la Corona fue capaz de organizar tan magna expedición que: además de las dificultades inherentes a las enormes distancias; los riesgos de los desplazamientos marítimos de la época; presentaba un problema imposible de resolver con los conocimientos técnicos de aquel entonces: ¿cómo transportar el virus vivo desde la Península hasta los lugares de vacunación?
La solución adoptada fue muy ingeniosa e imaginativa, consistió en embarcar como pasajeros un número determinado de niños a los cuales, durante la travesía, se les irían inoculando por parejas la vacuna cada quince días, una vez desarrollaban la enfermedad, de sus pústulas se extraían las vacunas que se inoculaban a otra pareja, en un ciclo continuo que permitía mantener vivo el virus.
La Expedición partió desde La Coruña el día 30 de noviembre de 1804, regresando a Lisboa en agosto de 1806.
Para ampliar la extensión de la vacunación, el llegar a Venezuela la Expedición se dividió en dos, cada una con una ruta diferente:
Una parte, liderada por Balmis, se dirigió a Méjico para continuar a las Filipinas, siguió a Cantón para difundir la vacunación en China y, en febrero de 1806, dio por acabada la misión regresando a la Península.
La otra, liderada por el médico cirujano militar, nacido en Barcelona, D. José Salvany y Lleopart, subdirector de a expedición y mano derecha de Balmis, se dirigió al Sur siguiendo inicialmente la ruta del río Magdalena. Después de múltiples problemas (su barco naufragó en el rio y Salvany perdió el ojo izquierdo), consiguió llegar a Lima cruzando a pie los Andes. Viajando en dirección hacia Buenos Aires para continuar su labor humanitaria, murió en Cochabamba el julio de 1810.
Ambas se dividieron múltiples grupos más pequeños con el objetivo de hacer llegar la vacuna a la mayor extensión de población posible.
Joaquín de la Santa Cinta, Ingeniero aeronáutico, Economista e Historiador





