El Fantasma de don Agustín advierte mucho apresuramiento, emociones contenidas e intranquilidad en el Pasillo del Infierno: ¿Hay que sacar provecho de una visita principal?

Hay, en estos días por “la Casa”, mucho ir y venir de aquellos que tienen sus despachos en el pasillo del infierno. He advertido en ellos mucho apresuramiento, emociones contenidas e intranquilidad en sus comentarios. ¡Algo pasa, o va a pasar!, me he dicho.
Y como soy de natural curioso, enseguida me he puesto a prestar más interés, si cabe, a las conversaciones que tienen entre ellos. A hilar lo que comentan a través de sus teléfonos, … a valorar los exabruptos que emiten cuando están solos. Me he detenido a escuchar sus discusiones en la zona de la secretaría de la alcaldesa, … y hasta a interpretar su nerviosismo antes de lograr entrar en su despacho.
Ha sido, sin duda, todo un sinfín de órdenes y contraordenes, de ajustes y desajustes, de llamadas, de entradas y salidas. ¡Ni os podéis imaginar lo que he llegado a oír y lo que he podido observar durante unos días en esas dependencias!
No ha sido para mí una tarea fácil, a fe mía, descubrir de que se trataba, pero finalmente, lo he podido ir encajando. Y, por lo que parece, el meollo de la cuestión es que se espera para uno de estos días la presencia de gente muy principal en esto de la política, de gente que viene nada menos que de la villa y corte.
Y claro, cuando se espera la presencia de un general de visita a una compañía es necesario tener todo en disposición de revista. Más aún cuando puede que, por lo que he oído, las relaciones del general con el capitán, por decirlo de una forma eufemística, no sean del todo fluidas.
Todo es necesario para estas ocasiones: el protocolo y la comunicación en orden, los uniformes relucientes, las palabras preparadas, las sonrisas bien ensayadas y hasta las lágrimas dispuestas … por si las circunstancias lo llegaran a exigir.
Permanecía todavía en el pasillo cuando escuche una fuerte voz a lo lejos:
¡Eduardo, ordena zafarrancho general!
¡Tenemos que estar a la altura!
¡Es una gran ocasión!
¡A ver si tenemos suerte y nos traen alguna buena noticia para Pozuelo y podemos venderla como nuestra!
¡Con lo bien que me vendría!
Me apresuro a salir lo más velozmente que puedo. Tampoco es cuestión de tentar demasiado a la suerte.
Y mientras me alejo, no dejan de llegarme a la mente las imágenes de unos potentes fuegos de artificio. Tal vez porque, aunque son muy bonitos y hacen mucho ruido, duran muy poco.
Don Agustín “El fantasma del Torreón”






