Conviene que los partidos faciliten un currículo de cada uno de los integrantes de sus listas electorales para que se sepa su relación con Pozuelo y que no vienen solo a llenar sus escriños

Nos espera una primavera loca. Vamos a quedar empachados, hartos de elecciones. Veremos en televisión, leeremos en los periódicos, vendrán a vernos, incluso a sonreírnos, gran cantidad de politiqueros. Nos dirán: yo soy el más guapo (alguno ha firmado un libro donde se define a sí mismo como tal), el más inteligente, el más honrado, el más cercano al pueblo, etc. etc. etc.
Ninguno dirá una verdad casi general: Que si no le votamos tendrá problemas de subsistencia porque aunque los hay valiosos una gran mayoría de ellos viven de la política dada su escasa e incluso nula experiencia profesional.
No sé si al votar estaremos haciendo la obra de misericordia que recomienda ayudar al necesitado -dar de comer al hambriento- pero, creo que las elecciones son para otra cosa.
El grupo de jubilatas que nos reunimos para arreglar el mundo hemos discutido sobre la formación de las candidaturas.
Resultado unánime: Creemos que junto a las listas electorales los partidos debieran facilitarnos un currículo de los candidatos (formación, experiencia laboral y empleo actual, vecino/trabajador o forastero en el territorio donde se vota).
En resumen, que sepamos que el candidato no es un donnadie y que tiene una relación vital (residencia o lugar de trabajo) con el territorio (región, provincia, municipio) al que le pide el voto.
(Uno de nosotros dice que el candidato no tiene que estar necesariamente relacionado con el territorio que va a representar o gobernar. Otro dice: puede que eso sea cierto. En este caso que venga a dirigir el partido socialista español el jefe del equivalente partido portugués que es bastante más sensato que el nuestro o que la señora Merkel se haga cargo del partido popular).
Todos tenemos miedo de que la historia de España retroceda mil años. En aquel tiempo, un vanidoso Abderramán Sanchuelo puso las bases para que la España musulmana se dividiera en treinta y tantas autonomías (reinos de taifas).
Su pariente Sancho III de Navarra hizo de su reino otras cuatro. Si a ellas les unimos la docena de condados de la Marca Hispánica (no Marca Catalana) nos encontramos con una España dividida en cuarenta y muchos territorios independientes o ¿autonomías?
Se tardaron quinientos años en volver a hacer de España una unidad.
¿Será otro Sanchuelo o Sancho, Pedro Sánchez, quien se olvide de que su partido se llama Español y dé facilidades a los antiespañolistas para que rompan España?
Visto el cariñito con el que trata a la cataluñeros ¿tendrá el partido que renunciar al último de los tres calificativos de su nombre y si hoy ya es dudoso que sea Obrero deje entonces de ser Español?
Los responsables de que esto pueda suceder son, en primer lugar, los propios barones socialistas que aguantan al ¿fake doctor? Sánchez.
La discusión se extiende a todos los ámbitos: Que si el presidente del gobierno esto, que si la alcaldesa lo otro, que si los de la oposición casi lo mismo. En definitiva: que gran parte de los politiqueros (y politiqueras) son iguales o, al menos, parecidos; casi todos progresistas: viven en un pisito y el progreso les lleva a comprar un casoplón en Galapagar o alquilar un chalet en la zona “chic” de Pozuelo.
Jesús Sanchidrián, castellano de mil generaciones, que aprendió a hablar oyendo a sus mayores dedicados a la agricultura y la ganadería cerró la discusión con una frase metafórica, pero lapidaria, aplicada a quienes dicen querer gobernarnos: La mayor parte tanto de ellos como de ellas a lo que aspiran es a llenar sus escriños. Ellos con un variado herrén, ellas con otro herrén y dijes de todo tipo.
Confieso que aunque nací en una Puebla que entonces tenía 350 habitantes (hoy quedan unos 30), todos agricultores, yo no aprendí casi nada del campo porque mi padre no trabajaba en él y aunque estudié las que antes se llamaban Letras no entendí las palabras de Sanchidrián.
Al oírle quedé desconcertado. Remedio: consultar al diccionario (que el paciente lector haga lo mismo).
Después de mucho hablar y dar trabajo al del bar, el grupo de jubilatas llegó a la siguiente conclusión: El desprestigio de nuestros gobernantes va un aumento porque, aunque dicen querer nuestro bien (puede que incluso sea verdad), como muy pocos tienen oficio y beneficio lo primero que buscan es asegurarse el pan (y si a éste se le añade jamón de Guijuelo, pues mejor, dice uno que es de aquella tierra). Aunque eso sea humano y legítimo, el buen gobernante no debe buscar prioritariamente su propio bienestar, debe ser un auténtico servidor público.
Para finalizar todos hicimos una plegaria: Que en las próximas elecciones nuestro ángel de la guarda nos ilumine. Amén.
El cabo Possuelo.




