La poca vergüenza de los okupas de la Colonia de los Ángeles: Escriben a los vecinos para saludarles, lamentar que los “prejuzguen” y pedir una convivencia constructiva

En los últimos días, los okupas de la Colonia de los Ángeles de Pozuelo han dado un paso más dentro de la poca vergüenza que gastan con una carta de presentación escrita dirigida a los propietarios colindantes.
En la misiva, los okupas se presentan “con cortesía y amabilidad” para advertir de que, al menos de momento, “pasamos a ser unos vecinos más del barrio”. En ella, aseguran ser conscientes de que existen “herramientas jurídicas para salvaguardar su seguridad” pero, afirman, “también queremos que sean conscientes de que no somos yonkis, ni delincuentes ni tenemos coches de lujo aparcados en la puerta del que hoy es nuestro domicilio”.
En el que los okupas aseguran estar “tristes y disgustados” al sentirse “prejuzgados” por culpa de malas experiencias que hayan podido tener los propietarios de la zona previas a esta okupación. “No queremos asustarles, ni que nos vean como monstruos desalmados que se drogan y se dedican a la mala vida”, dicen para afirmar que su intención no es otra que la de “aportar el grano de arena necesario para la buena convivencia”.
La intención de ‘colaborar’ es tal que la carta afirma la posibilidad de, “dependiendo de la decisión que tome la autoridad judicial” —es decir, si consiguen permanecer en el inmueble—, “sanear el lugar”. Y para ello los okupas proponen “pedir al 010 de este nuestro ayuntamiento los cubos de basura pertinentes para colaborar con el buen aspecto de la calle”.
Los habitantes del Camino de Húmera 60 no cesan en sus propuestas y animan a los vecinos “a participar de estos cambios en favor de la comunidad”, tras afirmar que no tienen “ningún problema en que nos conozcan” y, de hecho, insisten: “No tenemos problema en devolverles el saludo si eligen saludarnos”.
En la despedida, los okupas insisten en que “solo queremos un sitio donde dormir, fuera del banco de un parque o un cajero” y recordando que “no le roban la casa a nadie” porque los chalés ocupados —tres en total, que se comunican desde el interior— y cuyo propietario es una entidad bancaria, pertenecen a una obra paralizada hace años. “Nuestro deseo es que ambas partes gocemos de una convivencia constructiva, humana y solidaria”.







