Los nuevos políticos del cambio han venido a Pozuelo a saltarse las normas éticas que la vieja política tenía como básicas: es una pena que no les tocasen los pisos

Una de las normas básicas de la política en general nos ha llegado desde la Roma Clásica. Desde hace 2.000 años. La mujer del Cesar no solo debe ser honrada sino parecerlo. El político no solo debe cumplir con todas los cánones que manda la ley y los principios del buen proceder, sino que debe parecer que los cumple a rajatabla. Pero este axioma romano que tantos ríos de tinta ha derramado a lo largo de la historia ya no debe valer. Al menos, para estos nuevos y jóvenes políticos que vienen a salvarnos de las malas costumbres.
Para estos políticos estar en la vida pública, viviendo de esa vida pública, es un derecho. Ya no se llega a la cosa pública para servir al ciudadano y ser modélico en todo. Ahora, estos nuevos políticos vienen a lo público para servirse de ello. Usan el mismo verbo pero lo hacen reflexivo. Mi, conmigo.
Traigo todo este rollo a colación porque estoy muy sorprendido con la reacción de los tres jóvenes concejales de la oposición pozuelera, dos de partidos que nos vienen a enseñar política pura (Podemos y C’s) y una de un partido (PSOE) que anda escaso de valores propios. Los tres han sacado, para defenderse, una nota de prensa en torno a la noticia de que estaban inscritos en la lista de pozueleros de los que aspiran al arrendamiento de pisos de protección oficial en Pozuelo de Alarcón y que, hace unos días, publicó el diario ABC.
Y me ha sorprendido la reacción por la soberbia que muestran en ella. Jamás pensé que pudiera ser así. La nota es la prueba fehaciente del viejo refrán español: “No es por el huevo, sino por el fuero”. Esa costumbre tan nuestra por la que, en ocasiones, se prolonga una discusión no por los beneficios que se puedan obtener, sino por el hecho de tener la razón. O, dicho de otro modo, por soberbia pura. No llevan razón política pero la quieren tener. Se equivocaron, pero son tan soberbios y creídos que no han admitido que se lo dijeran.
Me ha dejado estupefacto que los tres digan, en la nota de prensa, que ellos tienen los mismos derechos y obligaciones que cualquier pozuelero a solicitar esos pisos, cosa que nadie ha cuestionado, por cierto. No recuerdo que nadie dijese que no tenían derecho a pedirlos. Solo era noticia que lo pidiesen tres concejales de la ciudad de Pozuelo de Alarcón y que uno de ellos, curiosamente el de Podemos, ganando 49.000 euros al año, que es una pasta gansa.
Nadie ha cuestionado su derecho. Estos tres concejales de nuevo cuño no solo tienen los mismos derechos y deberes que cualquier vecino, tienen más. Tienen una serie de prerrogativas como concejales que no tienen los vecinos de a pie que, por cierto, les pagan su sueldo pero, en cambio, también tienen la obligación moral y ética de ser ejemplo de esos mismos vecinos y para esos mismos vecinos. O, al menos, así lo exige la decencia política. Desde siempre.
Pero como a cada derecho le corresponde un deber, tienen derecho a pedir el alquiler de esos pisos pero también el deber de retirarse de la lista, una vez conseguida el acta de concejal, para que esos pisos les pueda tocar a otros vecinos menos afortunados que ellos. Eso es lo que manda la vieja política. La eterna política.
La nota de prensa que han sacado Pablo G. Perpiñá, de Podemos-Somos Pozuelo; Elena Moreno, del PSOE; y Marta Espinar, de Ciudadanos es infumable. Porque no solo no justifica su error político ni hace el propósito de rectificación sino que muestra una soberbia inadmisible. Le echan la culpa al funcionario que revisa las listas y le retan a que los quite de la lista. Es alucinante.
Hubiera estado bien que los hubieran dejado en la lista y les hubiera tocado. Hubiese sido un aquelarre de soberbia política.
Pero hay más, aparte de esa muestra de altanería, estas tres joyas de la política pozuelera nos vienen a decir que su situación política no es para siempre y que por eso querían seguir en la lista. Como si los pozueleros tuviéramos la culpa de que se presentasen a concejales. Pero si es muy fácil, concejales, si queríais el piso, haber renunciado al acta de concejal. No se puede estar en la procesión y repicando las campanas.
En fin que, si esta es la política con las que nos quieren salvar de la casta, que alguien nos proteja. O mejor, ya nos protegeremos nosotros en las próximas elecciones.
Parece que se acercan tiempos en los que la demagogia formará parte de la vida diaria. O, tal vez, la caradura. O, quizá, la indecencia. El caso es que se venderá como un derecho.
El Capitán Possuelo






