Un poco de coherencia, por favor: Álvaro Spottorno solo debe estar en el recuerdo de sus seres queridos. Un artículo de Tono Rueda

De piedra me he quedado al conocer el anuncio de nuestra alcaldesa de dedicar un parque a Álvaro Spottorno.
No es que tenga nada contra él, por supuesto. Le conocí y tuvimos cierto trato mientras ambos éramos concejales en el Ayuntamiento de Pozuelo, lamentablemente coincidimos sólo durante unos pocos meses.
Álvaro falleció de forma dramática en un accidente de moto el 12 de mayo de 2012, cuando volvía a su casa, en Madrid, tras asistir a las fiestas de Húmera en su labor como concejal de Juventud. Mi opinión es que era una buena persona, con un gran futuro que se vio truncado por la mala suerte…
Pocos meses después, Freddy, vecino de Pozuelo, hijo de una mujer que trabajaba como cocinera en un popular bar del pueblo, fue atropellado en la carretera M-503, junto al valle de las cañas, en un tramo con deficiente iluminación. Su madre, con poca capacidad económica, pidió ayuda para el entierro, incluso al ayuntamiento. Finalmente tuvieron que ser los vecinos quienes ayudaran con sus aportaciones a la desconsolada madre. Muchos son los jóvenes de nuestro pueblo que han perdido la vida en circunstancias dramáticas, y creo que es lógico tenerles a todos en el corazón y realizar cuantos homenajes sean necesarios y merezcan.
También por esas fechas, como concejal en nuestro Ayuntamiento, yo mismo solicitaba que se dedicara una calle o plaza a algunas personas cuya dedicación a Pozuelo de Alarcón lo merecía. Entre ellos Don Enrique Benito Verón, que entonces aún paseaba por nuestras calles, saludando a diestro y siniestro como correspondía a un pozuelero de toda la vida al que conocía casi todo el mundo.
Nació en 1918 en Pozuelo, donde transcurrió su vida con la dureza propia de la época. Entre 1957 y 1970, cuando eso de la cosa pública era más una afición que un trabajo, dedicó buena parte de su tiempo a la reconstrucción y el crecimiento de Pozuelo, su pueblo, donde aún viven sus hijos, nietos y biznietos.
Hay un Teniente de Alcalde en el Ayuntamiento, con el que tengo buen trato y un cierto cariño, que en su día me dijo que no se debían dedicar calles a políticos, porque era abrir un melón que luego podía producir muchos problemas….
Sin embargo, unos años después, se le dedicó la antigua plaza de José Antonio a Miguel Ángel Blanco, contra el que tampoco tengo nada y cuya figura no cabe duda que es un paradigma de la concienciación social contra el terrorismo. Pero no dejaba de ser un político.
Ahora se propone dedicar un parque a la memoria de Álvaro. Él era un hombre feliz, con 31 años era concejal en el Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón, tenía una gran formación académica y un currículo envidiable, qué decir del prometedor futuro que tenía en su horizonte. Fue una desgracia, no cabe duda.
Pero, lamento la crudeza, no nos podemos dejar llevar por los sentimientos personales, su huella en Pozuelo no puede eclipsar la huella de otros muchos que se sacrificaron por este pueblo, que hicieron grandes cosas en momentos muy complicados. Su huella ha de quedarse donde está, en el corazón de quienes le conocimos y valoramos su persona.
Desde el cariño que me inspira el recuerdo de Álvaro le pido a la alcaldesa que dé marcha atrás, que no proponga ese homenaje, que no convierta la figura de Álvaro, compañero, hijo, amigo, en una figura de conflicto político.
Conozco el especial cariño que la alcaldesa tenía hacia Álvaro, comprendo que quiera que se le hagan todos los homenajes que sea posible, pero creo que hay que tener un poco de coherencia y no envolver su imagen en la polémica.
Tono Rueda, ex concejal de Pozuelo de Alarcón





