Una banda de ultras secuestraba, descuartizaba y cocía a sus víctimas
Óscar del Pino jugaba a la Play Station en una celda de la cárcel de Aranjuez con otros presos después de la cena. O eso dijo él. A esa misma hora, a Antonio Vicente Mateos, que había salido ese día del módulo de aislamiento lo rodearon en el rellano de unas escaleras de la prisión donde no hay cámaras y le dieron una paliza mortal que le dejó en coma de por vida. Era 12 de junio de 2008. «Cada vez que entran violadores a ese módulo se les da unas hostias», admitieron sin ruborizarse cuatro internos en marzo ante la Audiencia de Madrid que acaba de absolver a Del Pino y a los otros acusados por falta de pruebas… (Seguir leyendo)




