A enemigo que huye… puente de plata, aunque se llame Fernando Trueba

Hierven estos días los medios de comunicación y las redes sociales con las declaraciones del cineasta Fernando Trueba en el Festival de San Sebastián. Frases como “Siempre he pensado que en caso de guerra, iría con el enemigo”, ojalá que “la Guerra de la Independencia la ganara Francia”, que en los mundiales siempre va “con otros países”, y como resumen, “nunca me he sentido español” , han provocado todo tipo de reacciones, desde quienes defienden su derecho a la libertad de expresión hasta aquellos que hacen notar su incoherencia al recibir un cuantioso premio español o llevar años recibiendo subvenciones españolas.
Hace años, éste era un país cachondo y divertido. Se hacían chistes sobre hombres y mujeres, sobre políticos, sobre discapacitados físicos o mentales, sobre homosexuales, judíos, gitanos o negros. Pero de pronto, en un pis pas nos fuimos al extremo opuesto y nos volvimos más políticamente correctos que nadie. No mejores (lo cual sí habría sido un cambio positivo), sino más hipócritas.
Y en consecuencia, también nos convertimos en un país crónicamente enfadado cuya realidad se plasma con frecuencia en esas tertulias televisivas donde raro es el día que no se arma una pelotera del carajo. No se produce ni una declaración pública del tipo que sea (y menos una broma) que no levante infinidad de protestas, incluso de de denuncias ante los juzgados… cuando en realidad nadie sale físicamente perjudicado.
Recuerdo que leí hace años una anécdota contada por un turista español durante su estancia en Londres. A bordo de su automóvil circulaba por Hyde Park, donde los libérrimos oradores subidos a veces en un simple cajón suelen vomitar incendiarias declaraciones sobre el gobierno, sobre la corona o cualquier otra respetable institución. Y hete aquí que nuestro buen turista se detuvo frente a un personaje que gritaba consignas contra las fuerzas de seguridad. “Esta brutal y corrupta policía británica…” De pronto, nuestro compatriota observó que un tremendo bobby del tamaño de un armario ropero, haciendo girar su porra en el aire se aproximaba al lugar. “Pobre hombre, se la ha cagado -pensó nuestro turista-. Pero no. El policía se aproximó al turista y se inclinó hacia él. “Por favor”, le rogó, “¿Tendría usted la bondad de apagar el motor del coche para que el público pueda escuchar claramente al orador?”
Claro. No en vano el Parlamento británico es uno de los más antiguos de Europa. La verdadera democracia es un arte y una forma de vida que requiere muchos siglos de tolerancia mutua.
Y además, seamos prácticos. Si Trueba no quiere ser español, más bien deberíamos estarle agradecidos. Mucha más ofensa nos haría si se considerara uno más de nosotros. Y lo mismo cabe decir de otros ejemplares de la misma fauna como aquél otro Rubianes, el de la “puta España”.
Venga, no nos enfademos. No vale la pena. Además, cada día estoy más convencido de que gente así se retratan ellos solitos cada vez que abren la boca.
Por cierto, señor Trueba. Usted dijo que “Debo estar equivocado, debo ser un ignorante, no debería decir esto en público, y menos cuando te dan el Premio Nacional”. Pues ignorante, al menos en gramática, sí, porque según la RAE, deber + infinitivo denota obligación. Y deber de + infinitivo denota probabilidad o suposición. Así que lo correcto sería decir “Debo DE estar equivocado, debo DE ser un ignorante”. Vamos, que nos lo ha puesto a huevo. Suerte en la Academia del Cine, porque lo que es en la Academia de la Lengua…
Abelardo Hernández






