Pedro Sánchez tiene miedo al resultado electoral y, para combatirlo, solo quiere endurecer su discurso para convertir el día 4 en un plebiscito sobre su gestión presidencial

El presidente del Gobierno Pedro Sánchez vuelve a entrar en la batalla electoral viendo que las encuestas no le son favorables a Gabilondo y lanza un mensaje extremista contra el eslogan La Libertad de Ayuso incompresible, diciendo que “la libertad es vacunar” y no “enredar y sembrar la confusión y la zozobra” con la vacunación en la Comunidad de Madrid.
Herido por el eslogan de Ayuso, Sánchez asegura que “La bandera de la libertad nunca la tendrá el dúo de la Plaza de Colón, la libertad de hoy es vacunar, vacunar y vacunar”.
Alucinante porque en eso de vacunar su Gobierno no ha hecho más que mentir.
En este sentido, y en un alarde de descaro, asegura que la libertad “es respetar la voluntad de los electores” y no “lanzarse a capturar tránsfugas en las filas de otro partido” y ha insistido en que la Comunidad de Madrid “necesita un Gobierno serio”. “No puede ser la primera región de Europa gobernada por la ultraderecha. Debemos parar al Gobierno de la derecha y de la ultraderecha”, ha dicho.
A este Sánchez enloquecido se le olvidar que gobierna con los comunistas de la extrema izquierda más casposa de Europa, con los golpistas catalanes y con los herederos del terrorismo cruel de ETA.
Pareciera que el Presidente del Gobierno quisiera enfrentarse personalmente a Ayuso en una especie de “plebiscito” sobre su propia personalidad. Ego sum qui sum. Ha perdido la cabeza.
El PSOE no tiene programa para Madrid y sus propuestas ya no se las cree nadie. Todo su programa está basado en ataques gratuitos contra Ayuso por la gestión de la pandemia que a Sánchez debería darle vergüenza.
Empezó diciendo que Madrid se había convertido en el paraíso del botellón de los jóvenes franceses lo que carecía de base ya que es su propio Gobierno el que permite viajar a franceses, ingleses o alemanes a España, al tiempo que tiene en arresto domiciliario a los españoles y sometidos a un toque de queda y a unas restricciones propias de un estado totalitario del que tanto gusta.
Sánchez sabe que el 4-M no son unas elecciones autonómicas más. Que es un examen a su nefasta gestión contra el Covid ya que no ha servido para atajar la pandemia pero cuyas consecuencias económicas y laborales han dejado a España como un páramo, con más de 6 millones de personas sin empleo y la economía en caída libre.
Y, claro, Madrid puede marcar el inicio del fin de ese experimento de coalición social-comunista e, incluso, de un cambio de Gobierno en Moncloa. Y esa es la razón por la que Sánchez está de los nervios.
Y por eso, en la Moncloa han cambiado de estrategia para afrontar la batalla política que se disputa en Madrid. Y Pedro Sánchez se está implicando directamente en la campaña tan brutalmente más que comicios autonómicos fueran unas elecciones generales. O peor, como decía, lo está convirtiendo en un plebiscito en el que se juzga su nefasta gestión y eso no lo puede consentir… EL o el caos.
Sabe perfectamente que más que a favor del PP, Ayuso recibirá votos de electores que nunca habían votado al Partido Popular pero que ésta vez en lugar de abstenerse van a votar en contra del gran Pedro Sánchez. Socialistas, incluidos.
A este paso, unas elecciones autonómicas se pueden convertir en una suerte de plebiscito sobre la gestión no tanto del Gobierno regional como del Ejecutivo que preside el propio Sánchez. Y eso, repito, es de una gravedad inusitada porque el futuro Gobierno de Madrid podría ser el mismo del próximo Gobierno de España.
Pedro Sánchez, señores, ha bajado a la arena y no precisamente como telonero del candidato socialista y arriesga mucho.
El Capitán Possuelo






