La alcaldesa Quislant ha iniciado una desaforada campaña personal que solo tiene un objetivo: lavar su deteriorada imagen política antes de la toma de una trascendental decisión. Seguro

Todo es raro en el Gobierno y en el PP de Pozuelo. Todo. Muy raro. Esta semana sin venir a cuento y después de sestear durante casi dos años y medio, la alcaldesa Quislant se pone pilas, se recoge el pelo y se echa a promocionar su figura política con fruición. Al principio parecía que entraba en pre-campaña electoral pero no parece. Seguro que no. No tiene sentido que sea pre campaña electoral ya que ella no va a ser la candidata del PP a la alcaldía de Pozuelo, con lo que, aparte de faltar mucho, es un poco incongruente.
Pero lo cierto es que el lunes presentó de nuevo la programación del MIRA Teatro, algo que desprecia, y lo hizo con la concejala Mónica García Molina a la que desprecia aún más. Y lo hizo con fotos.
El martes se echó al barro y se fue a la Ciudad de la Imagen, por segunda vez en toda la legislatura, con el concejal Pablo Gil al que llama traidor y repudia en cuanto tiene ocasión. Y lo hizo también con fotos.
¿Qué está pasando aquí? ¿A qué viene esta actividad más propia de un demonio de Tasmania que de la alcaldesa de Pozuelo?
El miércoles, en la Junta de Gobierno de Pozuelo que, hasta ahora, usaba para pasar un ratito agradable ante la sumisión que le mostraban sus miembros, se saca de la manga 22 obras municipales…
-¿Cómo?
-22 obras municipales, sí.
-¿Y por qué razón?
-Porque a mí me da la gana, ¿te vale?
-No puede ser… ¿Y cuáles son esas obras…, alcaldesa?
-Son las que son. Lo que tienes que hacer es venderlas…
Y en esto que llega el jueves. Y el jueves, aunque lo preside, pasa del Pleno y se dedica a hacer toda clase de muecas, gestos y mohines para llamar la atención… Pero cuando termina el Pleno, lanza una campaña personal de lo más egocéntrica del mundo.
Un algo así como “Porque yo lo valgo y valgo más que Carmena”, como si a Carmena le importase lo que ella vale o nos importase a los vecinos de Pozuelo. Uno, Susana, no vale lo que cree valer si no lo que dan por él y por ti, políticamente, dan poco. Los vecinos de Pozuelo damos poco.
En fin, una campaña personal cutre y chapucera como todo lo que sale de ese tándem que ha formado con Eduardo Oria, un personaje que, cada día en la tarima del Pleno, aparece más engreído y sobrado. Pero la verdad es que que si la analizas un poco, profesionalmente es una campaña personal, precipitada, cutre y demagoga muy en la línea de ese “Big” Oria en que se ha convertido el forastero.
¿Qué nos deparará este viernes nuestra alcaldesa…?
Algo habrá. Susana y Oria han estado unos días encerrados en el despacho de la alcaldesa para algo. Se supone que pensando y diseñando la estrategia. Porque ya está claro que es una estrategia que durará varios días más.
Una estrategia pensada para lavar la pésima imagen que tienen en el PP regional de la alcaldesa de Pozuelo. Y, lo que es más llamativo, diseñada después de que Susana fuese llamada a la sede central del partido hace semana y media, más o menos. Dicen las lenguas de doble filo de Génova 13 que de la reunión que tuvo en su primera planta, nuestra heroína salió con cara de pocos amigos…
¿Qué está pasando, entonces?
Porque, ayer en el Pleno, además, hubo algo más sospechoso aún: Manuel Hidalgo, la persona a la que corresponde sustituir a Andrés Calvo Sotelo no tomó posesión de su acta de concejal… Y eso tampoco es normal porque recuerdo que para que David Rodríguez tomase posesión de la suya cuanto antes, tras la dimisión de Félix Alba, se hizo un Pleno Extraordinario, precipitado y chundarata, en el mes de noviembre pasado…
¿Qué está pasando, insisto?
Pues pasa que toda esta campaña personal parece indicar que Quislant ya se sabe que es un“cadáver político”. De hecho, y en voz baja, hablan de su dimisión en Semana Santa por motivos personales. Y, claro, ante esta decisión quiere reivindicar su labor. Lavar su imagen política de alcaldesa guay, que diría Almu. Tiempo al tiempo.
En cualquier caso, lo que está claro es que, tras un mínimo análisis de esta desenfrenada actividad para tapar su propio ego, hay una gran capacidad para hacer el ridículo…
El Capitán Possuelo






