Proyectos diferentes, adversarios comunes. Un artículo de Pablo G. Perpinyà

En el PP de Pozuelo saltaron todas las alarmas desde el mismo momento en que la oposición entendió que la primera etapa del camino hacia el cambio debía ser compartida como consecuencia de la excepcionalidad reinante. Esta coincidencia en los objetivos iniciales a menudo es vista con extrañeza desde fuera: “¿Podemos y Ciudadanos remando en la misma dirección? No es posible ¿Cuál de ellos ha renunciado a su proyecto?”, y lo cierto es que diría que ninguno. Evidentemente no me corresponde a mi defender la autonomía del proyecto de Ciudadanos en tanto me reconozco entre quienes piensan que son una operación de las élites para frenar el cambio político, pero quien pretenda mirar la política municipal exclusivamente desde esa perspectiva sólo obtendrá conclusiones sesgadas e incompletas.
Por lo general los espacios políticos se articulan frente a un adversario. En contextos de normalidad democrática a menudo los diferentes actores identifican diferentes adversarios, siendo imposible reconducirlos a un esquema binario sin que alguno de ellos manifieste no sentirse representado en el relato. Sin embargo en sistemas obstruidos, fuertemente hegemonizados por un partido, en los que la democracia no logra desarrollarse con normalidad por la coincidencia de diferentes factores que convierten el escenario en excepcional, es posible que proyectos diferentes, e incluso antagónicos, puedan identificar al mismo adversario. Algo así es lo que sucede en Pozuelo.
En el cuestionamiento del poder omnímodo del PP y en la normalización democrática nos hemos encontrado el conjunto de la oposición. Sin renunciar a nuestros proyectos particulares y reconociendo las diferencias que hay entre unos y otros, hemos entendido que el primer paso para lograr cualquier objetivo pasa por destaponar la política pozuelera. Mientras las instituciones estén bloqueadas e impongan relaciones de representación viciadas por una cultura antidemocrática, mientras las redes clientelares sigan operando en el subsuelo del Ayuntamiento y las puertas y ventanas permanezcan cerradas, cualquier oposición responsable sólo puede establecer como primer objetivo el establecimiento de unas nuevas normas y prácticas para la convivencia democrática. Y frente este planteamiento, claro está, se sitúa el partido del Gobierno.
En la reacción del PP tras el último Pleno Extraordinario, denunciando un supuesto acuerdo entre Ciudadanos y lo que ellos llaman la “izquierda radical”, hay un temor que va más de la posibilidad de que en 2019 pierdan la mayoría absoluta y no logren formar gobierno. La disputa por el espacio del centro-derecha está en la cabeza de todos, aunque no se diga hacia afuera, y es una de las batallas más importantes de las que se desarrollarán en los próximos meses. Una guerra cultural entre lo viejo y lo nuevo a partir de la cual las fuerzas del progreso podemos construir una oportunidad para que la voluntad de cambio supere los márgenes de la izquierda y se transversalice. Y ese (y no otro) es el esquema de trabajo que estamos poniendo en práctica desde de Somos Pozuelo: ganar pasa por sumar votos en las elecciones, pero fundamentalmente por transformar el sentido común imperante hacia posiciones de progreso y es precisamente esa disputa entre lo nuevo y la viejo la que ofrece una oportunidad para ello.
Mi escepticismo respecto de Ciudadanos es manifiesto: allá donde han tenido la oportunidad han hecho todo cuanto ha estado en su mano para que el estabilshment conservara el poder. Sin embargo también es cierto que esa posición difícilmente puede sobrevivir en un municipio en el que el PP está tan ampliamente implantado; si Ciudadanos no ofrece algo significativamente diferente a lo que ofrece el PP, si no tiene un proyecto de Gobierno alternativo que ponga cerco a la corrupción y reduzca las desigualdades, perecerán igual que lo han hecho todos y cada uno de los partidos que han pretendido ganar jugando a ser el PP sin ser el PP. No tengo ninguna duda: cualquier cambio en Pozuelo pasa por la salida del PP del Gobierno, cualquier cambio en Pozuelo pasa por la mutación del espacio del centro derecha y cualquier cambio en Pozuelo pasa por un cierta narrativa que oponga la pluralidad y la democracia frente a los poderosos. El nerviosismo del PP es la mejor evidencia de que, tanto el análisis como la hoja de ruta compartida por la oposición hasta el momento, son acertados.
Pablo G. Perpinyà, Portavoz de Somos Pozuelo






