Erase una vez una ciudad llamada Pozuelo en la que el mismo concejal era capaz de hacer una cosa y la contraria a costa del bolsillo de los vecinos. Un artículo de Un Contribuyente

Aprovecho la ocasión que me brindan ustedes para decirle al Ayuntamiento de Pozuelo que no somos tontos y que no nos gusta que nos tomen el pelo.
Hace unos días, leí en este periódico que la alcaldesa Quislant y el concejal Pablo Gil se vanagloriaban de estar cambiando los badenes de goma que hay a lo largo y ancho de la ciudad y que a mí, concretamente, me han costado hacerle varias veces el paralelo a las ruedas de mi coche. Y lo hacían con un descaro insufrible.
Y, claro, ante esa falta de pudor político, me he decidido a pedir responsabilidades. Especialmente, a ese concejal de Obras que lleva toda su vida laboral en el cargo. Hablo de Pablo Gil, el torpe. Y es que yo, aunque ya viejo, tengo memoria.
Y como tengo memoria me acuerdo de cuando hace unos cuantos años, cuando era también concejal de Obras defendía los badenes de goma como si fuesen la solución idónea. Y así nos los vendió. Ahora, el mismo concejal se dedica a cambiar esos badenes de goma por otros de obra. Y a mí me parece muy bien pero, siguiendo la línea de este periódico de defender mi dinero de contribuyente, tengo que preguntar ¿cuánto costaron los badenes antiguos, a quien se compraron, por qué, cuánto cuestan los nuevos, en que zonas concretas se van a poner, cuál es el criterio que se va a seguir y por qué Pablo Gil no dice que se equivocó entonces y pide perdón?
Sé que los badenes de goma costaron mucho dinero y estos también. Y yo quiero saber cuánto que a mí me cuesta mucho pagar mis impuestos siendo jubilado. No se puede consentir que malgasten el dinero de los que pagamos.
Insisto en que me parece muy bien que los cambien porque yo ganaré en salud y mi coche tendrá menos averías pero ya me he cansado de que en Pozuelo nunca pase nada. Y que un concejal haga una cosa y la contraria y no se exijan un mínimo de responsabilidad o de culpabilidad.
Este Pablo Gil, que es algo así como el sueño del pozuelero (ser un torpe y llevar 16 años de concejal), no tiene perdón de Dios. No creo que haya hecho nada de provecho en su vida pública.
Muchas gracias por dejar desahogarme. Es todo una gran desvergüenza.
Un contribuyente






