El Grado de Cumplimiento del Gobierno de Pozuelo en esta Legislatura es el milagro de Tejero: Es capaz de convertir el mantenimiento normal en sus grandes promesas cumplidas

La web municipal del Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón es un pozo sin fondo. Si no tienes nada mejor qué hacer es muy divertido entrar en ella y mirar eso que la alcaldesa Tejero llama transparencia…
Yo lo hago a menudo.
Y este fin de semana largo me he encontrado con una cosa que se llama Grado de Cumplimiento o el milagro de Tejero. Algo por lo que la alcaldesa convierte el mantenimiento en grandes promesas cumplidas…
La pera limonera…

En Pozuelo, Paloma Tejero ha descubierto la fórmula para gobernar sin necesidad de terminar las grandes obras. Le basta con ponerlas en una tabla, adjudicarles un porcentaje y anunciar que la legislatura marcha viento en popa.
Si además se acompaña la operación con unas cuantas notas de prensa, el milagro está servido.
La realidad podrá ir por un lado, pero las estadísticas municipales ya se encargan de ponerla en su sitio.
Viva el vino.
El Gobierno, como han podido ver, ha publicado en su Portal de Transparencia el pomposamente «Grado de cumplimiento del Plan de Gobierno 2023-2027».
Un nombre que promete mucho y explica bastante menos.
Según el marcador oficial, durante el primer año de gobierno se alcanzó un 80% de medidas cumplidas o iniciadas.
En el segundo, la cifra se dispara hasta rozar el 90%.
¡Casi nada!
A este paso, antes de terminar la legislatura Pozuelo será una ciudad perfecta.
Aunque quizá convendría preguntar a los vecinos si les han avisado.
Porque aquí está la gracia del invento:
En el particular sistema de puntuación de la Alcaldía, cumplir una gran promesa electoral parece valer lo mismo que cambiar unos columpios, repintar una pista deportiva o arreglar un bache.
El mantenimiento ordinario, ese trabajo de pura gestión que cualquier Ayuntamiento debe realizar con el dinero de los contribuyentes, asciende por arte de birlibirloque a la categoría de gran logro político.
Lo que ayer era una obligación municipal, hoy se presenta como una conquista histórica del Gobierno de Tejero.
Y mientras el contador suma méritos, los grandes proyectos que iban a transformar Pozuelo siguen reclamando su oportunidad.
El Palacio de Congresos con auditorio para 1.500 personas, Hotel y Recinto Ferial se anunciaron con toda la solemnidad del caso.
Eran las grandes apuestas de una legislatura llamada a dejar huella.
Pero entre anunciar una obra, estudiarla, tramitarla y ejecutarla hay una diferencia que no se resuelve con una nota de prensa, por muchas fotografías y titulares que se publiquen.
En el “administrativés” municipal, sin embargo, todo tiene cabida.
Lo iniciado cuenta; lo que está en estudio también puede sumar; lo que paran los jueces no importa y lo que todavía no disfruta el vecino encuentra acomodo en el relato triunfalista.
Así cualquiera se apunta tantos.
Si el marcador admite como éxito tanto una obra terminada como un proyecto pendiente, el problema no está en la calculadora, sino en las reglas del campeonato.
Que el Gobierno informe de su gestión es necesario.
Que pretenda convertir cada tarea rutinaria en propaganda es otra cosa.
La transparencia exige explicar qué se ha terminado, qué está en marcha, qué permanece atascado y qué ni siquiera ha salido del papel.
Pero Tejero lo mezcla todo en una coctelera estadística y lo sirve después como un 90% de éxito.
Y esto que les comento es muy importante de cara al final de la legislatura. Muy importante. Y es que la alcaldesa presumirá de porcentajes éxito, pero los vecinos no viven dentro de una hoja de cálculo. Viven en Pozuelo. Y una legislatura no se mide por el número de casillas marcadas, sino por las promesas que se cumplen de verdad.
Porque, cuando las grandes transformaciones prometidas no llegan, siempre queda el recurso de cambiar unos columpios y proclamar el milagro.
Es lo que tiene la estadística…
Bueno, la mentira y este Gobierno no solo miente una vez sino dos veces porque vive de las medias verdades…
Manolo Pérez






