La tragedia política de Tejero: Como no conocía Pozuelo (pese a haber sido concejala de Quislant) empezó la legislatura a lo grande y la está acabando refugiándose en lo pequeño

Paloma Tejero es un caso claro de la política “al aliguí” que muchas veces ha usado el PP de Madrid.
Se necesita un candidato en tal ciudad, manda a ese que viene por el pasillo.
Que se necesita a otro candidato en otra ciudad, manda a una mujer que conozco de la consejería de Medio Ambiente, que promete mucho.
Hasta ahora, a Génova le daba igual la política municipal. Al menos en Pozuelo de Alarcón. Aquí mandaban a la primera persona que cruzase una puerta… Daba igual.
Y así llevamos muchos años perdidos.
Y así vino Paloma Tejero a Pozuelo.
Porque pasaba por allí y en Pozuelo gana a quien ponga el PP de Madrid…
Pero Tejero, pese a haber sido concejala de Quislant, no conocía la ciudad.
No la conocía o se le había olvidado cómo era.
Y creyó que en Pozuelo se ataban los perros con longaniza y que aquí todo el monte es orégano…
Y, claro, empezó la legislatura con la trompetería puesta.
Llegó anunciando una gran transformación de Pozuelo.
Plaza de toros. Palacio de Congresos. Nuevas fiestas. Grandes proyectos urbanísticos. Una ciudad diferente. Había que cambiar Pozuelo y ella parecía dispuesta a hacerlo.
Tres años después, el problema es que aquella música se ha ido apagando o, peor, desafina..
La plaza de toros no fue. El Palacio de Congresos tampoco. Las nuevas fiestas terminaron convirtiéndose en un asunto bastante más complicado de lo que se anunció.
Y algunos de los grandes desarrollos urbanísticos que iban a transformar la ciudad siguen atrapados en el maravilloso mundo de los expedientes municipales.
O vaya usted a saber dónde…
ARPO es una historia de Agatha Christie en la que no sabemos aún si hay muerto y, en cualquier caso, quién será el asesino…
Montegancedo es la leyenda del indomable. Nunca debió hacer lo que hizo.
Y ahí está Huerta Grande. Uno de los grandes proyectos que más veces ha vendido este Gobierno. 775 viviendas. Un proyecto «esencial» para el centro de Pozuelo pero en manos de administrativos muy torpes.
Mientras tanto, basta con entrar en la página web municipal para comprobar el cambio de paisaje.
Ahora ya no hay grandes proyectos ni grandes decisiones políticas.
Ahora hay Inauguraciones, homenajes, actividades, reconocimientos, pequeñas actuaciones… Todo muy digno. Todo muy presentable. Todo muy fotografiable.
Ayer, mismo, Pozuelo dedicó una glorieta a Torcuato Fernández-Miranda, una figura fundamental de la Transición. Y está muy bien. Naturalmente que está muy bien.
Pero no era esto, no era esto, que diría Ortega y Gasset, cuando expresó su profunda decepción al ver que la Segunda República derivaba hacia la radicalización y el enfrentamiento en lugar de construir un proyecto integrador como él había defendido…
Ya sé que las comparaciones siempre son odiosas pero esta, extrañamente, es muy significativa entre lo que se esperaba de Paloma Tejero y lo que ha resultado.
Empezó la legislatura a lo grande y la acaba refugiándose en lo pequeño.
Y es que el problema de una legislatura no se resuelve llenando la agenda de actos cuando los grandes proyectos que se anunciaron al principio siguen esperando…
Quizá el problema sea que se confundió gobernar con anunciar.
Algo así como La Paloma de Alberti…
“Se equivocó la paloma,
se equivocaba.
Por ir al norte fue al sur,
creyó que el trigo era el agua.
Creyó que el mar era el cielo
que la noche la mañana.
Que las estrellas rocío,
que la calor la nevada”.
Porque gobernar no es solamente presentar proyectos, poner primeras piedras, cortar cintas o hacerse fotografías. Gobernar es conseguir que las cosas ocurran.
Y da la impresión de que, cuando la legislatura entra en su recta final, el gran proyecto de Paloma Tejero empieza a ser otro.
Le basta con administrar el final de la legislatura.
De fiesta en fiesta. De inauguración en inauguración. De homenaje en homenaje.
Como si hubiera llegado la hora de enseñar mucho lo pequeño para que nadie pregunte demasiado por lo grande.
Y eso, en Madrid, lo mismo cuela.
En Pozuelo, no.
Juan Manuel Sánchez






