Tejero desprecia a los vecinos con las Fiestas del Carmen de la Estación: Es falso desde la paella denunciable hasta esos esforzados grupos de imitadores llamados ‘tributos’. Todo

Las Fiestas del Carmen del Barrio de la Estación de Pozuelo han conseguido algo que parecía difícil… Este Gobierno de Tejero ha conseguido convertir la nostalgia en un programa de fiestas.
No nostalgia por el barrio, por las tradiciones o por la Virgen del Carmen. No.
Nostalgia por aquellas épocas en las que los ayuntamientos todavía contrataban artistas importantes…
Oiga, que pasaba…
Ahora no.
El Gobierno de la alcaldesa Tejero ha presentado el programa para las fiestas de este popular Barrio con gran despliegue de publicidad, como hace siempre, pero el resultado parece más una programación de bajo coste diseñada por un departamento de contabilidad que por una concejalía de Fiestas.
Todo está muy ajustado. Todo muy contenido. Todo muy de supervivencia presupuestaria. Eso sí, luego nos cuentan que Pozuelo es una de las ciudades más ricas de España.
El cartel tiene un protagonista indiscutible: Que no nos falte la paella popular. Otra vez. La eterna paella denunciable que aparece en cualquier celebración pozuelera para mayor gloria de la soberbia de la alcaldesa ya que parece que disfruta dando de comer a la plebe…
Si un extraterrestre analizara la actividad festiva de Pozuelo llegaría rápidamente a la conclusión de que la gastronomía local se basa exclusivamente en repartir arroz.
Vergüenza ajena.
Pero la verdadera joya del programa llega con los conciertos. Porque ya ni siquiera se intenta disimular. Donde antes había artistas, ahora hay “tributos”. Donde antes había cantantes, ahora hay imitaciones. Donde antes había cabezas de cartel, ahora hay grupos que recuerdan a otros grupos.
El viernes aterriza “La Tremenda”, un tributo a Pereza, Leiva y El Canto del Loco. Y el sábado llega un tributo a La Oreja de Van Gogh.
Es decir, que el Gobierno no contrata a los artistas que gustan al público. Contrata a personas que hacen de artistas que gustan al público.
La diferencia es importante. Es como si el Real Madrid anunciara el fichaje de Mbappé y apareciera un señor disfrazado de Mbappé jugando en un polideportivo. Técnicamente se parece. Pero no es exactamente lo mismo.
Mientras otros municipios de la región apuestan por conciertos potentes capaces de atraer visitantes y generar ambiente, Pozuelo parece haber abrazado con entusiasmo la filosofía política del sucedáneo. La ciudad con una de las rentas más altas de España organizando unas fiestas con versión de versión de versión.
Por supuesto, no faltarán los gigantes y cabezudos, los encierros infantiles (manda güevos), los castillos hinchables, los DJs y los pasacalles. Actividades respetables y tradicionales. El problema es que el conjunto transmite una sensación difícil de ocultar por mucho que se empeñen. Son unas fiestas organizadas con el freno de mano puesto y muy propias de la España Profunda.
Quizá el Gobierno considere que los vecinos del Barrio de la Estación merecen una programación modesta. Quizá piense que con una paella, unos hinchables y unos cuantos “tributos” ya es suficiente. O quizá, simplemente, haya asumido que nadie va a protestar.
Porque al final ese parece ser el verdadero lema de estas fiestas. Si no podemos traer a los originales, traigamos a los que se parecen.
Ay, Tomás Marcelo…
Vales lo que valen tus útimas fiestas…
Juan Manuel Sánchez






